Menorquina, en venta. Eslora 4,99. Manga 2,10. Motor Solé Diesel 14,5 Cv. Mástil, toldo. Base actual, marina seca de Palamós (Girona). Más información a través de la sección Contacto de esta web.
En dique seco: la Menorquina Eolo, el invierno pasado, en Palamós
En torno a la permanencia 
(Una reflexión para San Juan, víspera del solsticio de verano; continuación a México nos devuelve a JAM)
"Tiene ya cuarenta años: ésa es una edad crítica. Entre los treinta y cinco
y los cuarenta y cinco, todos hemos de doblar una esquina
en el camino de la vida, o bien estamparnos contra una tapia de ladrillos".
(Robertson Davies, cortesía de Enrique Ortiz)
1. La calle Ancha de la Feria
Fue justo en aquella época en que cada mañana le anunciaban el fin del mundo tal y como lo había conocido (en que los graves acontecimientos de los dos últimos años, lejos de remitir, tomaron la fuerza y velocidad de un huracán), cuando A. (A.: el Arquitecto) comenzó a fijarse con más detalle en algunas cosas que hasta entonces había tenido por evidentes, pero no lo eran.
Había adquirido A. desde hace tiempo la costumbre de bajar al mercado muy pronto la mañana del sábado, antes de que su mujer e hijos siquiera despertaran. Consideraba tal suerte vivir en la esquina de aquel viejo mercado de alimentación, que no acababa de entender la crítica y suspicacia de tantos amigos vecinos, que le incitaban a buscar lugares más económicos. ¿Más económicos? Quizás, está por demostrar, pero seguro que menos cercanos, menos naturales, más envasados y más incómodos. Además, a A. le había costado tiempo manejarse holgadamente entre los entresijos de aquél zoco como para ahora echar a perder todo ese trabajo por las opiniones de un hatajo de impacientes. Dentro del mercado, A. prefería a los tenderos que le ofrecían productos de su propia huerta: nunca se había ocupado de comprobarlo, pero le bastaban la cara curtida de su frutero, sus manos ajadas, o la cantidad de tierra que traían dentro sus espinacas para estar tranquilo sobre el origen de sus verduras. Con esto, había introducido A. en su casa unos hábitos alimenticios del todo saludables, gracias a los cuales los niños no sabían qué era un bollicao pero sí se peleaban por un plato de lentejas o garbanzos.
Observaba en el mercado A. el afanoso ir y venir de los tenderos a primera hora, los viejos muros de carga de ladrillo, las vidrieras modernistas rotas o esmeriladas, la sucia estructura de acero que en su momento fue (aún ahora) auténtica filigrana, y le venía a la cabeza una cita que le había oído a su maestro, en la que Chávez Nogales describía la infancia del torero Belmonte en Sevilla:
"(...) Juan es muy poquita cosa, y la calle, en cambio, es demasiado grande, tumultuosa y varia. Es una calle tan grande y tan varia como el mundo (...). Vive Juan en una casa de la calle Ancha de la Feria -la casa señalada con el número 72-, en la que ha nacido. Nacer en la calle Ancha de la Feria y encararse con la humanidad que hierve en ella apenas se ha cansado uno de andar a gatas y se ha levantado de manos para afrontar la vida a pecho descubierto, es una empresa heróica, que imprime carácter y tiene una importancia extraordinaria para el resto de la vida, porque súbitamente la calle ha dado al neófito una síntesis perfecta del Universo (...). [Pero] tan importante como haber nacido en la calle Ancha de la Feria es nacer en cualquiera de las quince o vente calles semejantes -no son más- que hay por el mundo (...).
Son esas calles que milagrosamente llevan varios siglos de vida intensa, sin que el volumen de su pasado las haya envejecido; son viejas y no lo parecen; sin que se les haya olvidado nada, viven una vida actual febril y auténtica, vibrando con la inquietud de todas la horas (...). Esta evolución constante le da una apariencia caótica por el choque perenne de los anacronismos y los contrasentidos, (...) todo está allí, vivo, palpitante, naciendo muriendo simultáneamente. Y así, en Sevilla como en París y en Nápoles y en Moscú. La calle es una buena síntesis del mundo. Lo que intuitivamente aprende el niño que se ha criado en su ámbito tumultuoso tardarán mucho tiempo en aprenderlo los niños que esperan a ser mayores en la desolación de los arrabales recientes o en el fondo de los viejos parques solitarios". (1)
Insistía el maestro de A.: en estas líneas se percibía una profunda idea de unidad, de manera que la complejidad de la situación no desembocaba en confusión, sino en orden. Era una lección, aclaraba, de la que debían tomar nota los arquitectos -como él-, "(...) cuya tarea no era otra cosa que presentar un escenario que acogiera la vida y le permitiera desarrollarse, hacer posible que elementos diversos coexistan vinculándose todos ellos a través de la aspiración de unidad" (2). El mercado, asimilado a la calle, no sólo como fuente de abastecimiento, sino como génesis primigenia de la ciudad.
2. El príncipe de Dinamarca
Fue justo por entonces cuando A. tuvo la fortuna de poder asistir a una representación de Hamlet que tenía lugar bajo las bóvedas góticas del antiguo hospital de tuberculosos de la ciudad, ahora utilizado como biblioteca nacional; gran aficionado al teatro (como en el mercado, sospechaba que todos aquellos que lo repudiaban tan fácimente lo hacían más por ignorancia que por convicción), y gustoso siempre de ver montajes de sus dos autores favoritos (W.Sh. y A.Ch.: consideraba que en ellos se encontraba la explicación a casi todos los misterios del mundo), A. -que había perdido una oportunidad un verano atrás- no desaprovechó la ocasión y acudió puntual y en buena compañía a la nave gótica. Mientras escuchaba ausente las palabras del Príncipe de Dinamarca se preguntaba cómo era posible que todo sonara tan actual, vigente y robusto, tan apropiado al apocalipsis que parecía cernirse afuera:
"(...) ¿Es más noble sufrir calladamente / los golpes y flechas de una suerte indigna, / o alzarse en armas contra un mar de adversidades, / y eliminarlas combatiendo? Morir, dormir: nada más... / Y si durmiendo se borran todos los males del corazón / y los estigmas heredados por la carne, / ¿qué desenlace no puede ser más deseado? / (...) / Porque éste es el obstáculo: no saber / qué sueños acompañarán al sueño eterno / una vez liberados de esta piel mortal / es lo que nos frena y haga que concedamos / tan larga vida a las calamidades. / ¿Porqué aguantar sino el escarnio de este tiempo, / el yugo de los opresores, el agravio de los soberbios, / el amor burlado, la lentitud de la justicia / el orgullo de quien tiene un cargo / o el desdén de los ineptos por el mérito paciente (...)? / ¿Quién arrastraría el peso de tan pesado fardo / de una vida de sudores y plañideras, / si no fuese por el temor de alguna cosa / más allá de la muerte, aquél país inexplorado del cual / no vuelve nunca ningún viajero (...)? (3)
Mecido por el verso y entre el polvo que levantaban los actores (el suelo era... ¡de albero!), A. fijó la vista en la clave de los arcos medievales, tan tendidos que desafiaban casi a la ley de la gravedad -desde luego a las técnicas de su época- y pensó que ya se encontraban allí, imperturbables y antes, mucho antes incluso de W.Sh.
3. Digital y artesano
Llevaba varios años A. viviendo con su familia en uno de aquellos pisos que sólo se podían encontrar en esa su ciudad adoptiva: baldosas hidráulicas con dibujos inverosímiles, techos altísimos y artesonados, unas galería, vidrios de plomo en cada ventana. Se trataba de un caserón destartalado y enorme que se resistían a abandonar, a pesar de sus incomodidades, porque los niños crecían y corrían en él libres y felices, quizás también porque la vida en común estaba ya inseparablemente asociada a esas paredes. Un día después del teatro se fijó A. en uno de esos vidrios de plomo: seguro que no cumplía ningún requerimiento técnico de los actuales, que dejaba pasar el frío y el ruido, pero el caso es que ese humilde material, rugoso e irregular y que, como en el callejón de los espejos, deformaba la vista de la calle tras él, debía llevar ahí al menos 100 años; ¿porqué este vértigo, esta velocidad -se decía-, si esta frágil insignificancia ha superado una guerra, una posguerra, dos dictaduras -una de ellas de 40 años-, tantas cosas...?
En su trabajo, y por circunstancias que no vienen al caso, el arquitecto A. se había quedado desfasado -a pesar de no ser mayor, aunque tampoco, ya, joven- de ciertas técnicas de dibujo asistido que, perplejo, veía manejar a sus alumnos con increíble soltura. No es que denostara (como sí hacían algunos compañeros) las técnicas modernas, sus aplicaciones y potencial: al contrario, se consideraba bastante pionero en la gestión digital de la información y en trabajar casi sin papeles. Pero A. dibujaba a mano, a mano y a escala, en un proceso iterativo de ida y vuelta entre su tablero de dibujo y el ordenador de sus compañeros más jóvenes; hacía tiempo que estaba convencido que esto, que comenzó como una limitación, era ahora una virtud, pues le impedía generar documentos más deprisa de lo que su mente y el proyecto buenamente permitían. Tan convencido estaba, que colgó como máxima bajo puerta de su estudio (artesano y digital) el lema de Aldo Manuzio Festina Lente (Apresúrate despacio, o cómo lo importante es la velocidad de reacción, y no vivir acelerado), e hizo suya las insignias que lo simbolizaban: el ancla y el delfín, o el cangrejo y la mariposa. ¡Qué gran paradoja!, que al final lo más rabiosamente moderno acabe provocando una Vuelta a la artesanía.
4. El príncipe de Salina
Fue también por entonces cuando cayó en sus manos, en una de estas ediciones paupérrimas de películas clásicas que regalan los diarios, una adaptación al cine de Visconti sobre El Gatopardo; el libro seminal de Lampedusa lo había comprado A. tiempo atrás, en un precioso volumen de cubierta naranja, en una librería de Palermo; había llegado a leer algo, pero al poco tiempo -descubiertas las limitaciones de su italiano, sobre el que había pecado de demasiado optimista- lo había acabado archivando en su biblioteca, en esa estantería donde sólo cabían los libros que sabía que contenían tesoros y que habría que retomar más tarde. Gracias a Visconti, el arquitecto retomó el Gatopardo; como ya le ocurrió al escuchar al Príncipe de Dinamarca, no pudo sino sorprenderse al leer las palabras de Fabrizio, Príncipe de Salina, tratando de explicar a un piemontés la esencia del alma siciliana, el porqué de ese "algo debe de cambiar para que todo siga igual":
Chevalley [el piemontés]: "Este estado de las cosas no durará; nuestra administración, nueva, ágil, moderna, cambiará todo".
Fabrizio Salina: "Todo esto no debiera poder durar; pero durará, y siempre; el siempre humano, bien entendido, un siglo, dos siglos...; y después será diferente, pero peor. Nosotros fuimos los gatopardos, los leones; los que nos sustituyan serán los chacales, las hienas; y todos ellos, gatopardos chacales y ovejas, continaremos creyéndonos la sal de la tierra" (4).
¿Cuál debe de ser nuestro tiempo, cómo de rápida nuestra velocidad? se decía -algo angustiado- A. ¿La del Príncipe de Salina, la del de Dinamarca? O, en cambio ¿el vértigo que le imponían desde fuera y que le abotaba la mente? O quizás... ¿la de esas arquitecturas no por habituales y modestas menos permanentes que ahora había aprendido a observar? Aún confuso, pero intuyendo cuál era la respuesta, A. cogió su lápiz, dibujó: justo a la velocidad que le mandaba su mente; es decir, lento. Aunque no debía salir tarde: a la mañana siguiente le esperaba el mercado, y las espinacas llenas de tierra.
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. Notas 1 y 2: Martí Arís, Carlos: "Tres paseos por las afueras". Publicacions de la Universitat Rovira i Virgili. Tarragona, 2008. Págs. 13 a 17.
. Nota 3: Acto 3º, escena 1, traducido y subrayado libremente sobre una versión en catalán de Joan Sellent para la compañía La Perla 29. Barcelona, 2009. Pág. 37.
. Nota 4: Traducido y subrayado, también libremente, de la página 185 de: Lampedusa, Guisepe Tomasi: "Il gatopardo" (conforme al manuscrito de 1957). Feltrinelli. Milán, 2002.
Calle con mercado, el príncipe de Lampedusa, el príncipe de Dinamarca (montaje AM, Verano10)
Un huerto en una autopista 
Martes 15 de Junio de 2010
Publicado en: Actualidad
Estupendo artículo (leer versión digital) del amigo Jacobo Armero (ver su blog Emetreinta, su otro blog Zona Levante Almeriense) para el suplemento Babelia de El País del 29 de Mayo de 2010, donde además tiene la amabilidad de citarme a raíz del parque lineal High Line en NYC.
Relacionado con esto:
. Devolver la naturaleza a la ciudad (post).
. Parques agrarios metropolitanos (post).
. Las escalas del espacio libre (Línea de investigación).
. Territorios fibrosos (post en el blog de Federico García Barba)
Hidetoshi Ohno: proyecto FiberCity para Tokio. Fuente: elpais.com
(Continuación a Plano de distribución)
Ver también: ubicación, interior, equipo.
Distribución de la 4ª planta de la antigua Fonda Rius (Croquis AM, Primavera 10)
Estudio, interior 
(Continuación a Donde empezó todo)
Ver también: ubicación, distribución, equipo.
Interior del 4º piso de la Fonda Rius, puerta 1ª, en la Primavera de 2010 (Foto AM)
2 Planes Territoriales en Asturias 
Martes 4 de Mayo de 2010
Publicado en: Actualidad
Nuestro Estudio de arquitectura forma parte de un equipo transdisciplinar al que han sido adjundicados en Enero de 2010 los Planes Territoriales Especiales del Medio y Alto Nalón, y del Narcea, en el Principado de Asturias.
La empresa titular de la adjudicación es la consultora dedicada a la ordenación del territorio y el medio ambiente Cota Ambiental S.L.P.
Los componentes del equipo redactor somos, entre otros:
. Rafael Mata: director técnico.
. Antonio Prieto y Santiago Fernández: coordinadores.
. Andrés Martínez: arquitectura y urbanismo.
. Pedro Molina: biogeografía de las riberas.
. Jorge Agudo: abogado.
Los Planes Territoriales son herramientas de planeamiento de muy reciente aplicación en la legislación española; tienen como triple objetivo coordinar las figuras de planeamiento locales a escala supramunicipal, atender a cuestiones paisajisticas y de gestión del terriotorio, y definir las premisas de una nueva relación entre el medio urbano y el rural. Estaremos ocupados en la redacción de ambos planes durante buena parte de los próximos meses.
Línea de investigación relacionada: Las escalas del espacio libre.
L5-S1 
Healing Through Disease (Continuación a La silla de Marañón)
"(...) Según cuenta su último biógrafo, Le Corbusier pasó los años finales de su vida con una vértebra humana colgada del cuello. Dicen que al morir su mujer se procedió a la incineración, pero de modo inexplicable entre las cenizas apareció una vértebra intacta. Una vértebra es un elemento perfecto para ilustrar la tarea del arquitecto. La columna vertebral, esa sinusoide flexible formada por pequeñas piezas de prodigioso diseño, debería figurar en el escudo de armas de los arquitectos".
Félix de Azúa: Cuando hay arquitectos amables (también reseñado en Arquitectos, el ocaso de una profesión)
L5-S1 es el espacio articular entre la vértebra más baja de la sección lumbar de la columna (L5) y la más alta del sacro (S1). Lo siento por Azúa y Le Corbusier, pero pienso que algo debió de ir mal en el camino de evolución del homínido desde las cuatro patas hasta la bipedestación. ¿"(...) Sinusoide flexible formada por pequeñas piezas de prodigioso diseño"? Estáis de broma: nadie puede decir esto si analiza con calma la L5-S1, verdadera chapuza evolutiva, disco débil donde los haya pues con un espacio y forma idénticos a sus vecinos tiene que asumir cargas y flexiones 20 veces mayores.
Hace ahora 8 años, AM (el Arquitecto Martínez, el Artista Madridista) empezó a sentir una pequeña molestia a la altura de la espalda, sección lumbar, que fue rápidamente degenerando, a lo largo de 3 años más, en un agudo dolor, primero, y en una parálisis incapacitante, después. Comenzó entonces su peregrinación por médicos y terapeutas de especialidades sobre cuya existencia, hasta entonces, sólo tenía remoto conocimiento, a veces desconocimiento total. Traumatólogos, reumatólogos, neurocirujanos, osteópatas, homeópatas... aunque AM creía haber tenido criterio hasta ese momento para distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo regular y lo peor, ahora todo parecía valer con tal de aliviar la tormenta de dolor que le asediaba día y noche. Con un problema, o mejor dicho, dos: a pesar de que el diagnóstico era claro y bastante unánime (discopatía severa a nivel L5-S1), las soluciones que le proponían eran del todo divergentes; desde las cirugías extremas con medio año de recuperación en la cama, hasta el "no hacer nada y aguantar", pasando por experimentales y dudosas inyecciones de gases extraños como el ozono. Y todo ello trufado con conversaciones del todo surrealistas (¿eres paracaidista? porque ésta es una lesión típica de paracaidistas...) Y lo que es peor: ninguna de las terapias, ninguna de las soluciones parecía servir para hacer remitir en nada el dolor. El paciente convertido en médico de cabecera, teniendo que distinguir y elegir entre especialistas carísimos... enfin, un desastre.
Cuando este viaje en el sentido inverso al de la evolución (de erguido a acostado, del tablero de dibujo a la cama) parecía no tener fin, AM tuvo la suerte (sí, existe) de encontrarse en su camino al Dr. R., neurólogo especializado en el tratamiento del dolor. Su receta era sencilla: primero hay que desbloquear los mecanismos del dolor, hay que devolver el cuerpo a una posición y comportamiento antiálgico, engañar a las reacciones de defensa, tanto nerviosas como musculares; sólo así podremos empezar una terapia manual y una reeducación del comportamiento que servirá para estabilizar la situación. Y su terapia fue de choque, pues comenzó con unos derivados opiáceos (que producían tal sensación de dulzura que AM aún los sigue añorando a día de hoy) y siguió con una ingeniosa intervención llamada rizólisis, que consistió en destruir, mediante radiofrecuencia introducida por unas cánulas al nivel articular, la rama de los nervios que sirve para transmitir el dolor (y eso sin interferir en las dos otras, las de la tracción y el tacto). Escéptico por su experiencia y por su intuición (¿es prudente quitar los testigos de una grieta en un edificio con patologías evidentes?), AM se dejó hacer, una vez más.
Como los golpes de suerte nunca vienen solos, al poco tiempo (y cuando los efectos secundarios de la intervención -un inquietante hormigueo en las piernas- aún estaban presentes) AM acabó cayendo en las manos del fisoterapeuta J. Respecto a sus antecesores, la originalidad del fisioterapeuta J. consistía en aunar las técnicas occidentales con orientales (el recurso a la acupuntura para las peores crisis era siempre infalible), y las elásticas (la fisioterapia tradicional) con las más mecánicas (las de la osteopatía). El encuentro (felizmente coincidente, aunque no relacionado) de ambas personas (R. y J.) supuso para el maltrecho AM un punto de inflexión radical: el dolor comenzó a remitir de forma acelerada, y pudo ir recuperando sus responsabilidades (profesionales y paternas) de forma paulatina; y no sólo eso.
Escarmentado por el suplicio de los años pasados, AM empezó a cuidar mejor la alimentación; perdió con ello algo de peso; comenzó a hacer ejercicio, tanto camino de la oficina con su recién estrenada bicicleta, como en sesiones semanales de natación (práctica que había odiado hasta entonces) en las que el entrenador M. le enseñó que la diferencia entre un mamífero de tierra y otro de agua (o anfibio) era más una cuestión de técnica (técnica depurada, eso sí) que de verdadera anatomía, esa anatomía que había estado en el origen de su fallo.
Por entonces, AM reseñó un interesante artículo de prensa dedicado al Doctor L. (La silla de Marañón), personaje que daba con sus palabras una verdadera lección de cómo debiera de ser la medicina que él hubiera necesitado encontrarse (humanista, humana y transversal). Como en casa de herrero, cuchillo de palo, el Doctor L. falleció -demasiado joven- al poco tiempo de esa reseña (descargar necrológica), como si no hubiera querido aplicarse sus propias recetas de longevidad, o quien sabe, esas recetas tuvieran más de bonita quimera que de realidad.
La revisión. Hace no mucho, el fisioterapeuta J. pidió a AM de que se realizara una nueva prueba diagnóstica, para cuantificar con imágenes el nivel de la recuperación de la lesión: una cosa -la recuperación- que a efectos empíricos resultaba evidente (quién te ha visto y quién te ve), pero de la cual AM no quería ni oír hablar: pruebas de nuevo, ¡no, por favor! Déjenme disfrutar. Y hace bien poco, después de una concienzuda estrategia de persuasión, aprovechando el tiempo de conversación de las sesiones de rehabilitación, J. acabó convenciéndole. Señores: contra todo pronóstico (y esto no lo tenían previsto ninguna de las técnicas que se barajaron, que aspiraban como mucho a una estabilización), el disco intervertebral L5-S1 se ha recuperado al doble de su tamaño de hace 4 años. Healing through disease; la curación a través y gracias a la enfermedad.
El meandro (Miravet en 2010) 
(Continuación a Miravet en 2007)
El meandro del Ebro en Miravet, visto desde lo alto del castillo templario (Foto AM, Primavera 2010)
(Continuación a Proyecto de Tesis: aprobado)
"(...) Lo bueno de hoy en día es que podemos hacer casa abierta, abierta, que se cierre, cierre. Parece que es una tontería pero así es, esa es la gran novedad. Estar dentro de tu casa y que en ella penetre el jardín, que no pises raya al pasar sobre ese dentro-fuera. Vienen después todas esas otras cosas de situación de cota para vistas, dominio, recogimiento, etc. Es importantísimo sentirse bien dentro de toda ella, en cada rincón (...)"
(De la memoria original de la Casa Guzmán de Alejandro de la Sota, en Algente -Madrid-, 1973)
Secuencia de espacios intermedios en la Casa Guzmán (Foto AM, Invierno 2010)
Arquitectura es I+D+i 
¿Qué evita que de una vez por todas los proyectos de arquitectura se puedan entender como procesos de I+D+i? En una era en que hasta la industria del calzado o las cooperativas agrícolas (por hablar de dos sectores singulares cualesquiera) tienen estrategias de investigación y desarrollo, los arquitectos seguimos sin saber ver el filón de oportunidad que la evolución hacia la economía de las ideas ofrece a nuestra disciplina.
La culpa es en parte de la inercia con que se sigue moviendo esta profesión, muy especialmente de las escuelas de arquitectura. A ellos (los departamentos, también los colegios profesionales) ha llegado el momento de decirles: señores, menos estética y más ética, menos ideas y más metodología.
Quien haya optado alguna vez a incentivos públicos para investigación (nosotros lo hicimos en Tipología Vs. Tecnología) fácilmente se habrá dado cuenta que el proyecto de arquitectura, tal y como ya existe y está pautado, cuadra bastante bien en las fases y el método demostrativo que cualquiera de esos formularios requiere demostrar.
Y luego está la diferencia entre tipo y modelo, tan cara a mi querido director de tesis. Nos han enseñado durante años que cada uno de nosotros debíamos crean con cada proyecto un modelo único, y no: lo que debíamos es aplicarnos en el desarrollo humilde de un tipo, en una fase más de un proceso de evolución (lentísimo) de las tipologías que nos supera en su dimensión temporal. Hablar de tipo y modelo (lenguaje tan arquitectónico), ¿es realmente tan diferente a la separación que se hace en las industrias punteras (automóvil, sin ir más lejos) entre prototipo y producto hecho en serie? Probablemente no.
Luego está la cuestión de la linealidad del encargo: debemos olvidar que un edificio resulta de UN encargo que UN cliente, privado o público, hace a UN equipo o arquitecto; a partir de ahora, las cosas serán más complicadas (¿por suerte o desgracia?) y será difícil distinguir los encargos públicos de los privados, por es probable que ambos sectores se involucren en procesos comunes, cada uno en su momento, como por cierto viene pasando en muchos otros campos productivos desde hace tiempo.
Parece que el gobierno español apuesta ahora de nuevo por la construcción como salida a la galopante recesión: como nunca es tarde si la dicha es buena para hacer las cosas bien, y como sigue siendo necesario relanzar un sector (el inmobiliario privado) que prácticamente ha desaparecido en los dos últimos años, ésta (el I+D+i inmobiliario desde un punto de vista tipológico, no el de los materiales de construcción) parece ser la vía.
Para los alumnos 
(en el comienzo de un nuevo curso. Continuación a ¡Qué pena de escuela!)
1. Una explicación sobre compartimentos estancos
Queridos alumnos:
ayer comenzamos un nuevo cuatrimestre lectivo en el TAP (Taller de Arquitectura y Proyectos), letra D, de nuestra escuela común, ETSAV. Como los vínculos que se suelen establecer entre nuestro contacto docente real y la presencia de cada uno en esta nube que es Internet son casi siempre clandestinos (y está bien que así sea: aquí se llega generalmente por azar, unos salen espantados, otros se quedan, algunos repiten), debo daros en este sitio también la bienvenida, aunque sea un espejo (quizás algo deformado) de lo que también cuente en el aula.
Un curso, por definición, debe de ser un compartimento estanco, tanto en el tiempo como en su contenido: después de él, difícilmente profesor y alumnos volverán a tener contacto alguno; tampoco antes, en la gran mayoría de los casos, lo han tenido. Y como en la clandestinidad de los contactos virtuales, también está bien que sea de esta manera. Todo el mundo (incluido el profesor) llega con las mismas oportunidades, y se la juega entera en el período exacto que transcurre entre el primer y el último día de curso; poco importa el historial previo que uno traiga, ni sus intenciones o ambiciones para después, pues todos empezamos de nuevo a cada vez, y con el contador a cero.
La docencia, y más la universitaria, está hecha de deberes y derechos en las dos direcciones: el profesor tiene la obligación de encender la chispa de la curiosidad y la motivación; la de ser, como un juez, lo más imparcial que pueda en la evaluación; la de ser clarísimo sobre cuáles son las reglas por las que se regirá el curso; también, la de saber ver en cada alumno su especificidad y cualidades, y saber conducirle por aquel lugar por el que sepa aprovecharlas mejor. El alumno, por su lado, tiene que respetar esas reglas por las que se rige el curso; pero sobre todo tiene que esforzarse: se habla mucho ahora de "recuperar la cultura del esfuerzo" y pienso que en los buenos proyectistas esa cultura nunca se ha diluido, porque es inherente a su actividad. Como decía un colega al final del curso pasado, el resultado tras la lucha a cara de perro con el problema/proyecto probablemente tendrá heridos (cuando el resultado no sea el esperado) o incluso bajas (los suspensos), pero no se podrá decir que nadie que se haya esforzado no haya tenido su oportunidad.
El alumno también deberá saber perfilar una metodología de trabajo propia. Los profesores propondremos una (que son esas pautas por las que se ordena el curso) y que creemos es la válida en cuanto a ritmo, fases, y estrategias: está hecha para que la pongáis en duda, eso sí, planteando siempre una alternativa. En las fructíferas discusiones ajenas a la arquitectura que por suerte se han sucedido en este blog se ha hablado mucho del antagonismo entre la trama y el estilo en literatura (ver aquí y aquí); lo vuestro durante el desarrollo de este curso se le parecería mucho, pues poco importará la trama (el resultado formal del proyecto) si el estilo (el método, la permeabilidad a lo ajeno y la capacidad de autocrítica) es original y valiente.
2. Unos apuntes sobre pedagogía
Para bien y para mal, la escuela en que impartimos estos talleres es bastante singular, y no sólo respecto a su hermana mayor (ETSAB), sino también al conjunto de las españolas. Entre sus pecualiaridades destacar dos: una se debe a su circunstancia, y es su reducido tamaño (el ser una escuela pública con un tamaño de centro privado), y la otra a su ideología, y trata del carácter multidepartamental en la enseñanza de los proyectos (algo de esto se habló en este blog en el post Arquitectos, el ocaso de una profesión). Ninguna de las dos son cosas habituales, creedme, así que aprovechémoslas al máximo mientras duren.
Cuando yo estudiaba en la ETSAM los alumnos discutíamos mucho sobre la contradicción y probable incompatibilidad entre que un buen profesor fuera un buen arquitecto, y viceversa. Ahora, si tuviera que elegir, me quedaría con lo primero y me fijaría poco en lo segundo. Es evidente que es difícil enseñar cirugía si uno no se enfrenta habitualmente a la mesa de operaciones (los términos, muy acertados, son los de una discusión que caló bastante hondo en nuestra propia escuela hace unos 4 años); pero lo que verdaderamente importa es la vocación pedagógica del profesor, y esto no se nos pregunta a ninguno en las oposiciones a plazas ni en comisión de evaluación: pero... oiga, ¿le gusta a usted dar clases, cuál es su teoría pedagógica, cuál su vocación? En este sentido espero no defraudar, y respecto al otro (el de la mesa de operaciones, también importante) aquí tenéis, en el resto de pestañas de esta página, el resultado: probablemente modesto pero siempre honesto.
3. Y unas palabras sobre el enunciado
Para finalizar, permitidme unas líneas sobre el enunciado y el edificio con el que os tendréis que pelear este curso. Tenéis como cometido ampliar mediante una remonta y en dos plantas el singular edificio que Domènech i Montaner (DiM) construyó para la Editorial Montaner i Simó a finales del s. XIX en pleno corazón del Ensanche de Barcelona. Deberéis llevaros bien con la preexistencia (no sólo el DiM, sino sus transformaciones sucesivas), analizarla por los cuatro costados, ver cuáles son las leyes (compositivas, estructurales, funcionales) que lo vertebran; todo ello no quita que, desde el principio, podáis tergiversarla, modificarla o violentarla a vuestro gusto, aunque sin perderle el respeto, y siempre que la coherencia del resultado final lo justifique.
Elegante remonta contemporánea sobre un chalet racionalista en la C/ Vitrubio de Madrid (Foto AM)
¡Queremos un barrio digno! 
(Continuación a Porqué nos sigue gustando La Rambla)
1. Éste es un tiempo extraño
Sí, es un tiempo sumamente extraño éste que vivimos: la realidad se nos transmite por oleadas sucesivas, en unas especies de tsunamis informativos monotemáticos, en dosis difíciles de soportar y que arrinconan todo lo demás; duran a lo sumo, una o dos semanas, miren sino quién habla ya de la triste tragedia de Haití ocurrida hace tres. Porqué esto es así y a quién conviene no queda claro (la ganancia es probablemente repartida), pero el caso es que las instancias que no gobiernan hace tiempo que han aprendido la lección: cuando un tema comprometido está en el candelero, lo mejor que se puede hacer es aguantar el chaparrón con la cabeza baja y promesas de higiene, que en un par de semanas la tormenta ya se habrá trasladado a otra parte.
Para quien no conozca bien la ciudad mediterránea en que vivo, el Barrio del Raval (antiguo Chino) es el que queda a la derecha de Las Ramblas, según se baja hacia el puerto. Un barrio de tamaño considerable en pleno centro de la ciudad. Barcelona vive, desde hace algunos años y de forma periódica al final de cada verano, una de estas oleadas informativas en que todos los focos (no solo de la ciudad, sino del país entero) se fijan durante unos días sobre un tema concreto: si hace un par de años el escándalo fue sobre la suciedad y el colapso turístico, al final del verano pasado tuvo que ver con la prostitución ejercida en pleno espacio público. Denominador común: la degradación urbana; lugar común: el centro histórico de la ciudad.
Si la primera crisis se saldó con operaciones extra de baldeo de las calles durante un tiempo, la segunda lo fue con una apabullante presencia policial en las calles que duró un par de meses. Pero, aparte de soluciones de tránsito, ¿no deberíamos preguntarnos -también como arquitectos y urbanistas- cuáles son los problemas estructurales de ese barrio que impiden que salga de su historial de marginalidad y crimen?
Vaya por delante el elogio. Al contrario que su hermano gótico al otro lado de La Rambla, entregado por completo al turismo, el Raval sigue manteniendo un carácter interesantísimo de barrio, en el mejor sentido de la palabra: aún muy residencial, es una coctelera multicultural que bien podría valer en muchas cosas como ejemplo de integración; es humilde aunque orgulloso: en ningún otro sitio he oído defender el concepto de barrio con tanto ahínco como ahí. ¿Qué lo sigue condenando al fracaso?
El Raval ha sido el territorio mítico de perdición de la literatura barcelonesa de todos los tiempos. En él se perdía Teresita Serrat (La Teresa de Últimas tardes... de Marsé) con sus amigos en las salidas fuera de las zonas más altas de la ciudad; en él suceden casi íntegramente todas las novelas canallas del reciente y tristemente fallecido Francisco Casavella, que lo hacía llamar por sus personajes (a los que, por otro lado, nunca se les ocurría salir de allí) El Barrio, a secas; en él crecieron, y de sus orígenes se mostraron siempre orgullosos, Terenci Moix, Vázquez Montalbán o Maruja Torres, entre otros. Alguna vez habría que analizar qué tipo de favor (si es que alguno) le ha hecho a El Barrio tan noble leyenda literaria, o si, más bien al contrario, de su malditismo real puede tener algo de culpa esta reputación en la ficción.
2. Gentrification
De toda aquella oleada de indignación popular de finales del verano del 2009 sólo resultó pedagógica, y extremadamente crítica, la opinión de un pequeño puñado de escritores, todos ellos residentes en el barrio; y de ella destaca especialmente el brillante artículo de Javier Calvo (JC) El Raval, un barrio prostituido, del que les recomiendo la lectura completa si tienen un poco de tiempo: su contenido no tiene pérdida, y no hay una palabra que sobre. Entre sus acertadas explicaciones, JC resalta el sonado fracaso del proceso de gentrificación que, en su opinión, habrían llevado a cabo sobre el barrio las élites municipales: una premeditada labor de sustitución de la población original pues...
"(...) No es ningún secreto que desde que (...) el Ayuntamiento de Barcelona iniciara el 'asalto' a la ciudad sin ley del Raval (...) las intervenciones urbanísiticas han buscado con ansia ese patrón bien conocido de lo que en inglés se llama 'gentrification', término acuñado en 1964 (...) para describir la expulsión de la humilde población autóctona de los Docklands londinenses y su reemplazo higiénico por una nueva población de clase media".
Hasta que, como no podía ser de otra manera, al sueño le llegó el despertar amargo:
"(...) Hace dos años, el modelo que se había aplicado al barrio simplemente se colapsó. Quién sabe si ayudado por la recesión económica, o por esa especie de entropía urbana que Manuel Delgado llama resistencia de la urbe, la 'gentrification' empezó a recular. Los grupos hosteleros empezaron a cerrar sus locales en la Rambla del Raval. El hotel Barceló se levantó, sí, pero permanece semivacío (...) aislado en medio del área musulmana del barrio, saludablemente inhóspita a sus pretensiones. Los irritantes vecinos de toda la vida, contra todas las previsiones, no se fueron (...) Y el crimen, lejos de responder a las ordenanzas (...), ha aumentado estratosféricamente, obligando a los vecinos y comerciantes a movilizarse. ¿Justicia poética? ¿Maldición?".
3. Ecosistemas urbanos y mezcla de usos
Es sintomática la utilización en varias ocasiones por parte de JC del concepto ecosistema. Aunque un ecosistema en precario, ese parecía ser el verdadero valor de El Barrio antes de las estrategias de transformación: un complicado sistema de relaciones y dependencia mutua, tejido con esfuerzo y tiempo entre población local e inmigrante, entre los usos residencial y comercial, prácticamente autónomo (por puro abandono) de los poderes municipales. ¿Cabe definición más bella de lo que tiene y debe ser un barrio, una ciudad en suma? Sin embargo, el concepto no es nuevo, y es triste constatar que hay que seguir reivindicando aún hoy la vigencia de las teorías que a principios de los '60 postulara Jane Jacobs contra las equivocaciones (o perversiones) del planeamiento urbano:
"(...) un solo principio emerge de manera tan ubicua, y de formas tan diferentes y tan complejas (...): [se trata de] la necesidad de las ciudades de una diversidad de usos más intrincada y de menor grano, que dé a cada uno un apoyo mutuo constante, tanto económica como socialmente (...). Creo que áreas que suponen fracasos urbanos adolecen de alguna manera de este soporte mutuo intrincado, y que la ciencia del planeamiento urbano y el arte del diseño urbano, en la vida real y en nuestras ciudades, deben de convertirse en la ciencia y el arte de catalizar y nutrir estas relaciones de pequeña granulometría. Creo que existen cuatro condiciones principales que generan diversidad urbana que sea útil en las grandes ciudades, y que al inducir deliberadamente estas cuatro condiciones, el planeamiento puede acabar incentivando la vitalidad urbana". (en The Death and Life of Great American Cities)
¿Qué había que desmontar entonces en el Raval? ¿Porqué ese miedo, pues, a un ecosistema al que sólo había que ayudar a dignificarse mediante inversiones en cultura, equipamiento, y rehabilitación de la parte insalubre del parque de viviendas? ¿Sólo el poder del capital? O quizás también, ¿temor al empoderamiento ciudadano de la vida urbana, como Juan Freire explica siempre que debe de caracterizar a todo espacio colectivo para convertirse en un procomún, desde el espacio público analógico de la ciudad al digital de Internet? (leer Cultura digital en la ciudad contemporánea: nuevas identidades, nuevos espacios públicos).
4. Una centralidad nunca conseguida
También hay, creo, un tema interesante de diseño urbano a la hora de explicar el reiterado fracaso del experimento Raval en Barcelona. Se trata de la disyuntiva, algo esquizofrénica, entre la centralidad y carácter periférico del barrio. Recordemos que, hace varios siglos, el Raval era la periferia fuori le muri de la ciudad, al otro lado de las murallas (las primeras) que se situaban en la actual Rambla. Esto le confirió al caserío y al tejido de calles un carácter arrabalario del que aún no se ha desprendido, y que por otra parte le confiere parte de su encanto. Aunque la segunda muralla lo alojó en su interior y su derribo la posterior expansión a su alrededor del ensanche Cerdà lo recolocó en posición central, nunca ha llegado a tener una verdadera centralidad respecto al conjunto de la ciudad.
Y no sólo es por la posición próxima a la montaña de Montjuïc (de la que sólo le separa el barrio -también abandonado- del Pueblo Seco), sino, sobre todo, la falta de elementos de gravedad que tiren de él al otro lado (el de Montjuïc); es muy didáctica la comparación con La Ribera. Hace no tanto tan degradado como el propio Raval, la recuperación del Borne en todos los sentidos (limpieza, actividad comercial, restauración del caserío) se puede explicar en gran parte, en mi opinión, porque se encontraba a mitad de camino entre el centro y una serie de intervenciones de rehabilitación urbana que, esas sí, fueron incentivadas con éxito por los planeadores: y pienso fundamentalmente en la recuperación del litoral, más allá de la Barceloneta.
¿No sería ocasión de recuperar el Raval... mirando más allá de sus límites? ¿De crear unos focos de atracción que lo hagan necesario de cruzar y utilizar por flujos urbanos no exclusivamente de barrio, básicamente en su parte trasera, en el Pueblo Seco, y en un nuevo acceso hacia la Montaña de Montjuïc desde el centro? Lo que se tiene planeado puede parecer lo mismo, pero no lo es: la operación puesta en marcha ahora para "hacer más permeable" el barrio en el Sur, con tal de permitir la entrada fácil de turismo desde la nueva dársena de cruceros, está condenada al fracaso, pues sólo crea circulación y relación en un sentido (del turismo hacia la ciudad) y no en el contrario, tampoco flujos interurbanos, y lo que es más grave, es una vez más una estrategia de monocultivo que ignora casi por completo el carácter diverso y tremendamente heterogéneo (aquéllo que lo hace un ecosistema) de El Barrio.
(Sigue en Hospital)
Un paseo por el Raval: reivindicación, hacinamiento, nuevas intervenciones (Fotos, montaje: AM 2010)
Viajar 
(Continuación a Bolaño y la extraterritorialidad, y hermanado con Viajar, de Elena)
"Recorrer el mundo, surcarlo en todas las direcciones, no llegará a ser más que un conocimiento somero de algunas de sus hectáreas: minúsculas incursiones en vestigios descarnados, un pequeño estremecimiento por la aventura, presas improbables logradas en medio de una dulce bruma, de las cuales algunos detalles quedarán en nuestra memoria: más allá de esas estaciones y carreteras, de esas pistas centelleantes de aeropuerto, de esas bandas estrechas de tierra que un tren nocturno lanzado a gran velocidad ilumina durante un fugaz instante, además de las panorámicas esperadas durante demasiado tiempo y descubiertas demasiado tarde, de los amontonamientos de piedras y de obras de arte, serán quizás tres niños que corren por una carretera blanca, o bien una pequeña casa al salir de Aviñón, con una puerta de listones que debió haber sido de color verde, la silueta recortada de los árboles en lo alto de una colina a los alrededores de Saarbrücken, cuatro obesos hilarantes en la terraza de un café en las afueras de Nápoles, la calle mayor de Brionne, en Eure [Normandía], dos días antes de Navidad, hacia las seis de la tarde, el frescor de una galería a resguardo en el zoco de Sfax, una minúscula presa atravesada en un lock escocés, o una carretera con forma de meandro cerca de Corvol-l'Orgueilleux... Y con ellos, irreductible, inmediato y tangible, el sentimiento de la concreción del mundo: algo que queda claro, súbitamente y muy cerca de nosotros: el mundo, no como un recorrido a rehacer una y otra vez, no como una carrera sin fin, un desafío incesante a superar, no como el único pretexto de una acumulación desesperante, ni como ilusión tras una conquista, sino como reencuentro de un sentido, percepción de una escritura terrestre, de una geografía de la cual habíamos olvidado que somos los autores".
(traducido y subrayado -libremente- del francés de las páginas 155 y 156, capítulo El mundo, de Espèces d'Espaces, de Georges Perec, Éditions Galillée, Paris 2000)
Lomo de la edición del año 2000 de Espèces d'Espaces, de Georges Perec, en la Editorial Galilée
Atlántico 
(Continuación a Desconectar para así poder reconectar)
San Sebastián de La Gomera, con el Teide al fondo (Foto AM, Invierno 09-10)
Desconectar para así poder reconectar 
(Continuación a De vacaciones)
Como viene siendo habitual, aprovechamos el día anterior a una pausa por vacaciones para recopilar los cambios de estructura y contenidos que han tenido lugar en este sitio web, que en este trimestre han sido numerosos.
1. Cambios en la estructura
Si la estructura de un sitio web se parece a la del pensamiento (y esto, en los sitios buenos, sucede así), no puedo dejar de agradecer a Ramón Puchades la paciencia y el tino por haberme calado con precisión la estructura del mío. Esto ocurrió hace ya cuatro años, cuando una serie de carambolas y azares nos llevó a comenzar conversaciones sobre cómo tener una presencia on-line para este Estudio de arquitectura; Ramón (RP) era por entonces socio fundador (y mejor activo) de la empresa Sonoratec, dedicada al diseño web, y a la que que por desgracia la recesión se llevó por delante un par de años más tarde.
Siempre recuerdo a RP decir que abrir un sitio en internet era una oportunidad única para cambiar la manera de trabajar y organizar la empresa, ¡y vaya si desde entonces lo hemos hecho! Como todo lo nuevo, es difícil valorar aquello de tangible que esto nos pueda haber aportado, pero desde luego nos ha permitido sumirnos en un proceso constate de definición de nuestro perfil y/o hechos diferenciales.
A RP se debe la estructura tripartita de las 3 pestañas y sus temas (aquí encima) y culpa suya es que la de en medio sea un blog; también lo son campos de los menús: creó con ello una estructura mental que (¡oh sorpresa!) parece tener capacidad ilimitada de irse volviendo más compleja sin por ello hacerse más complicada, una cuadratura del círculo pues hace encajar en una malla regular un contenido absolutamente heterogéneo y descompensado entre sí. Un mérito del que no sería justo excluir el olfato de su diseñador Paco Lemos, que esbozó una imagen austera por la que (corríjanme si me equivoco) parece que no pasa mal el tiempo.
Así que en ello seguimos, en una eterna versión beta: este otoño han aparecido categorías por tipología en la sección obras , y también una manera de categorizar las publicaciones. En nuestra ansia de internacionalización, seguimos poco a poco mejorando la versión en inglés; una nueva navegación por colores (más intuitiva) indica en la home inglesa qué páginas están traducidas (en rojo) y cuáles llevan al navegante a una página en español (en azul). La traducción del conjunto, paradójicamente, parece avanzar más despacio que las funcionalidades que la permiten: enmendaremos este desfase.
Y lo más importante: ha quedado por completo remozada la sección Investigación y docencia, para convertirse en el eje vertebrador de este sitio, en justa correspondencia a lo que ya existía en el funcionamiento del estudio; una serie de líneas de investigación (pudiendo distinguir entre vigentes y anteriores) que sirven como espina dorsal del resto de las secciones, ya sea el blog (donde se discuten), las publicaciones (donde se dan a conocer) o las obras, donde cristalizan a través de proyectos-piloto y los prototipos construidos que les suceden.
Por todo lo anterior, gracias de nuevo a nuestra programadora MelisaF. (proviniente de la cantera Sonoratec), por su paciente y laboriosa dedicación. Para saldar la deuda de reconocimiento de esta web con sus autores, se ha añadido un párrafo con los créditos en la sección Licencia de uso.
2. Actualizaciones del contenido
También han sido numerosas las actualizaciones de contenidos. Entre las publicaciones, destaca el artículo Green Roof Examples in Spain, que recoge la ponencia que hice en el Green Roof Congress de Stuttgart. Entre las obras, un nuevo proyecto-piloto de azotea habitable (Via Favència) que es continuación al de Blanes: de uno de los dos esperamos comenzar las obras en el trimestre que comienza. También es nuevo (o renovado) el contenido íntegro de las líneas de investigación. Por último, mencionar la publicación de la ficha de la obra de un edificio entre medianeras en Girona 102, una labor de Project Management que nos ha tenido ocupados los dos últimos años, y de cuyo resultado estamos especialmente contentos.
Y buena fiestas
Por hoy, nada más: tampoco por este mes, ni por este año, pues hacemos una pausa desde mañana día 25 de Diciembre hasta el próximo 7 de Enero. Como dice un artículo sabio de Mark Bittman del que he tomado prestado el título de este post (descargar), en la era digital es más necesario (si cabe) saber desconectar de la nube digital y laboral que nos persigue, para luego poder reconectar con renovadas energías y propósitos. Pero no se apuren, dejamos un vigía, se llama buzón de la sección Contacto, a través del cual sus peticiones, dudas, o quejas serán atendidas a nuestra vuelta. Que ustedes disfruten y descansen, queridos amigos, y ya saben: apresúrense despacio (Festina Lente).
(Sigue en Atlántico)
Desconectar para así poder reconectar, buenos consejos para vacaciones (Mark Bittman en el NYT)
Mediterráneo, entre 45º y 57.5º Este 
(continuación a Castilla, SW-NE)
Dos puentes de mando en esta ciudad: Home (izquierda); y Office (derecha)
Devolver la naturaleza a la ciudad 
(Continuación a Parques agrarios metropolitanos)
¿Qué demonios pintamos los arquitectos ocupándonos ahora de la naturaleza y las especies vegetales? Nosotros, que nos quejamos tanto del intrusismo de otras disciplinas en lo que considerábamos nuestro coto privado, ¿no estaremos metiendo las narices y las manos en territorio ajeno, donde se desenvolverían infinitamente mejor biólogos, geógrafos, paisajistas o arboricultores?
El título de esta entrada es resultado de una acertada traducción por parte de Manu Fernández (alias Mr. SuperGlue, dada su capacidad de lanzar retos ideológicos a la blogosfera y después re-ensamblar sus resultados dispersos) de la frase en inglés (Bringing Nature Back to Town) que inspiró al congreso del IGRA al que tuve la suerte de asistir en Stuttgart en Mayo de este año, y su publicación homónima.
Sí: debemos devolver la naturaleza a la ciudad. Haya estado contenida alguna vez en su interior de forma seria o no (la naturaleza dentro de la estructura urbana, pero esa sería otra discusión), parece claro que la actual insatisfacción que tenemos con el ambiente de nuestras ciudades (y la razón que nos hace huir de ellas de forma sistemática cada vez que podemos enlazar un par de días libres seguidos) tiene mucho que ver con un déficit crónico y aún no satisfecho de espacios verdes en su interior.
En la época de la movilidad permanente, el espacio verde urbano ya no puede seguir constituyendo un elemento aislado y estanco a la escala del barrio: debe enlazarse, mediante una malla verde, con el sistema de espacios verdes a escala territorial (por la parte alta de la escala) y con la suma de las micro-intervenciones en los rincones urbanos (en la parte baja); conectividad parece ser la palabra clave, en una era en que la ciudad y el territorio que la circunda ya no se pueden seguir dándose la espalda y perjudicándose la una al otro.
Y sí: los arquitectos sí tenemos algo que decir en esta dinámica de re-naturación de la ciudad y reurbanización sensata del territorio; primero, porque cualquier intervención con vegetación sobre los edificios supone un problema delicado de orden constructivo en el que serán útiles nuestros conocimientos; segundo, porque como urbanistas somos los profesionales que mejor se pueden enfrentar al dilema disciplinar que supone darle la vuelta a la situación marginal del proyecto de espacio público (era el intersticio resultante después de acciones inconexas de planeamiento) para así revalorizar su nuevo protagonismo como elemento vertebrador del proyecto urbano, a todas las escalas, en el Siglo XXI.
Tercero y último: porque cualquier colaboración en entornos multidisciplinares con esas profesiones, tan específicas, relacionadas con las ciencias de la naturaleza, servirá para alejarnos de los cantos de sirena del ostracismo (ver Arquitectos, el ocaso de una profesión) y para realzar el perfil transversal, integrador y holístico, que, hoy día, supone nuestro verdadero carácter diferencial.
También te puede interesar:
. Hay una falta de cultura del terriotorio (Entrevista a Arancha Muñoz en El País, Valencia).
. Granjas urbanas (post de Federico García Barba).
. Devolver la naturaleza a la ciudad y La piel vegetal de las ciudades (posts de Manu Fernández).
. Tipolgía Vs. Tecnología y El paisaje: una superposición de tramas (Líneas de investigación).
. La huerta y el paisaje valencianos (post de José Fariña).
Huertos para uso vecinal, en el interior de un patio de manzana en Berna, Suiza (foto © JMSarandeses)
¡Qué pena de escuela! 
. Artes plásticas: Dibuja en cualquier lugar, salvo en clase
. Música: Parloteo incesante
. Educación física: Demasiadas ausencias
. Francés: Alumno alegre, pero triste alumno
. Historia y geografía: Puede hacerlo aún mejor
. Matemáticas: Falta de bases
. LV1, Inglés: Habla mucho, pero ni una palabra de inglés
. SVT: No debe desmoralizarse
. Tecnología: No ha hecho nada, no ha entregado nada
. Decisión: El tercer trimestre será determinante
(Boletín de evaluación trimestral, en algún curso de la infancia de Daniel Pennac -en francés en la imagen que cierra el post-)
1. Chagrin d´école
De Daniel Pennac (DP) y su Chagrin d´école ya hablé, hace no mucho, en un post anterior de este sitio (ver Hacia una nueva pedagogía); comentado entonces a través de las reseñas de un clarividente tercero, toca ahora traerlo de nuevo tras la lectura completa del texto original.
Publicado en español bajo el desconcertante título de Mal de escuela (Mondadori) , Chagrin d´école constituye un verdadero manual de pedagogía: uno revolucionario y transgresor, eso sí, y ahí reside su gracia. Aunque despista por su tono divertido y novelesco, DP no deja títere con cabeza sobre el pretendido prestigio de la école de la république, la escuela pública y laica francesa. Pero no se engañen: como bien indicaba Mariano F. Enguita en ese artículo de La Revista de Libros que reproduje entonces, las conclusiones son del todo extrapolables y generalizables a cualquier estructura docente contemporánea, sin importar su país o fase educativa.
2. ¿De verdad no los vas a llevar ahí?
Si ustedes tienen hijos en su tierna infancia, sabrán de sobra que muchas de las conversaciones entre padres (aparte de las estacionales, que versan sobre fiebres y antitérmicos -en la época fría- o sobre qué hacer con los niños en sus larguísimos períodos de vacaciones -en la cálida-) acaban protagonizadas por las dudas crónicas en torno a la educación escolar que se les está dando o se les dará: tal parece ser el abanico de posibilidades, que muchos se consumen en la duda de si a los retoños les conviene dos, tres o cuatro idiomas, o si deben desarrollarse en un ambiente más bien autoritario versus otro absolutamente lúdico, etc.
Me refiero, claro está, a la escuela concertada, porque si ustedes se quiere ahorrar quebraderos de cabeza (y bastante dinero) quizás la decisión más sabia sea encaminar sus pasos hacia el centro público que por sorteo y proximidad a su domicilio le sea otorgado. Aunque también existen casos ciertamente enrevesados, como la escuela en que estudié y en la cual convivían en el mismo aula beneficiarios públicos de la École de la République y familias locales, honestamente ansiosas de un nivel que no encontraban en otro sitio, aunque atrapadas por ello en un círculo restringido y algo elitista. Con esos ambientes ultra-exigentes, que por otro lado recuerdo con especial cariño, ya rendí cuentas en En casa había demasiados libros, así que no me extenderé de nuevo sobre ellos, porque además Pennac lo hará por mí a continuación; mientras, mis amigos me siguen preguntando el porqué de la elección de una modesta escuela concertada de barrio (la de debajo de casa, literalmente) para la escolarización de las dos criaturas que nos amenizan la existencia.
3. Exigir, ¿qué y para qué?
Antiguo maleante y detritus escolar, Pennac se convirtió (paradojas de la vida) no sólo en un brillante y exitoso escritor de renombre internacional, sino también en un talentoso profesor de enseñanza primaria: tan talentoso que en él acababan los individuos y grupos más difíciles, aquéllos que parecían inmunes e impermeables a cualquier entrada de la civilización y la cultura en su cuerpo, algunos de ellos, desde luego, verdaderos peligros sociales.
Su planteamiento es sencillo: la escuela de la República, sí, tiene calidad, pero ¿a qué coste? ¿A cambio de generar una bolsa de rechazados y marginados escolares, que van sobreviviendo como pueden en las trampas y los intersticios del sistema? ¿Un grupo de alumnos que, ya escépticos a edad demasiado temprana, ven cómo sí funciona a su lado el ascensor social para los que sí cuadran con el estereotipo del triunfador laico y republicano? Si éste es el coste, no gracias.
Su principal crítica: trufar la educación de juicios de valor (¿en virtud de qué estándares, qué parámetros?), que muchas veces minusvaloran (y lo que es más grave, taponan) las verdaderas vías de progresión personal de cada individuo. Ver sino lo lejos que llega y espabilada que está la protagonista de la novela de moda este verano, verdadera escoria social por la que nadie hubiera dado un duro, salvo el bueno de Stieg Larsson, que la rescata del fango para alegría de sus lectores.
4. Compartimentos estancos
Aún más grave que ese dirigirsmo educativo y determinismo social que denuncia DP hacia un tipo preestablecido de triunfadores (los conocidos en francés como grands cadres, o gente que sale de las Grandes Écoles), resulta la revelación de que la sociedad de consumo parece por fin haber logrado su acomodo en el interior de la escuela, y lo ha hecho a través del lenguaje adolescente subyacente a la proliferación de marcas.
Frente a ello, Pennac propone que el docente se plantee el grupo y el curso como compartimentos estancos, en el espacio y en el tiempo: yo, mis alumnos (que son 20ytantos y entre los que, por infalible estadística, hay de todo) y mi curso, que empieza en Septiembre y acaba en Junio. ¿Antes? Sobre lo que pasó antes de este grupo y este momento no hay nada que añorar, menos aún que reprochar -¡qué mezquino y cómodo es ese falta de bases!-; sobre lo de después, nada más que probabilidades y potenciales, que (estos sí) dependen del alumno y no del profesor.
5. El compromiso pedagógico
Pero ¡cuidado!, no debe parecer que DP denoste la cultura del esfuerzo, al contrario: como todos, la añora, la reivindica, y vincula su pérdida precisamente a esa irrupción del mercado de consumo en el espacio sagrado de las aulas; si la libertad, nos enseña la sociedad, se alcanza por el mero (y simple, y barato) acto de consumir, ¿cómo vamos a enseñarles a nuestros alumnos lo contrario y evidente, que es que la libertad sólo se alcanza por el crecimiento y mejora personal conseguidos con gran esfuerzo?
Es interesantísimo también su acercamiento epistemiológico y de vivisector a la pedagogía, metiendo el bisturí y triturando gramaticalmente (es profesor de francés) esos "y, ça" : "esto, eso", pronombres apersonales que al principio de curso trufan las respuestas de sus alumnos, a los que obliga a sustituir por las cosas con su nombre y apellido; camuflar como un mero ejercicio de análisis gramatical lo que en realidad acaba siendo un auto-aprendizaje sobre las trabas vitales que la sociedad y ellos se están poniendo... ¡esto sí que tiene mérito!
Queda apuntar un aspecto importante y revelador: un buen pedagogo, ¿debe haber sido necesariamente un mal alumno? DP deja claro que el vínculo entre una y otra cosa en su propio caso es evidente, como si sólo a través de la proyección positiva y optimista a terceras personas en dificultades se pudiera resarcir respecto al sistema que como joven le denostó. Bueno, eso y el haber tenido (este detalle, listo de él, no lo explica más que de pasada) el respaldo incondicional de un padre (no así el de una madre) que le ofreció en toda su zozobra infantil una cercanía y apoyo casi clandestinos, con tal de hacerle entrever que... quizás... no era tan inútil para la vida: como al final quedó demostrado al Torpe Pennac, porque Los más listos no triunfan siempre.
(Sigue en Para los alumnos)
Boletín de notas del joven Pennac (contraportada del libro)
Cada vez que veo un adulto en bicicleta 
"(...) Every time I see an adult on a bicycle, I no longer despair for the future of the human race" (Cada vez que veo un adulto en bicicleta, dejo de desesperarme por el futuro de la raza humana). H. G. Wells
Más elogios de la bicicleta:
. Elogio de la bicicleta, por Marc Augé
. Elogio de la ciudad y de la bicicleta, por Joan Subirats
. ¡Arriba las bicicletas!, por Carlos Arribas
My Brompton Bike, tras dar la vuelta al lago de Banyoles (Foto: AM, Otoño de 2009)