¡Queremos un barrio digno! 
(Continuación a Porqué nos sigue gustando La Rambla)
1. Éste es un tiempo extraño
Sí, es un tiempo sumamente extraño éste que vivimos: la realidad se nos transmite por oleadas sucesivas, en unas especies de tsunamis informativos monotemáticos, en dosis difíciles de soportar y que arrinconan todo lo demás; duran a lo sumo, una o dos semanas, miren sino quién habla ya de la triste tragedia de Haití ocurrida hace tres. Porqué esto es así y a quién conviene no queda claro (la ganancia es probablemente repartida), pero el caso es que las instancias que no gobiernan hace tiempo que han aprendido la lección: cuando un tema comprometido está en el candelero, lo mejor que se puede hacer es aguantar el chaparrón con la cabeza baja y promesas de higiene, que en un par de semanas la tormenta ya se habrá trasladado a otra parte.
Para quien no conozca bien la ciudad mediterránea en que vivo, el Barrio del Raval (antiguo Chino) es el que queda a la derecha de Las Ramblas, según se baja hacia el puerto. Un barrio de tamaño considerable en pleno centro de la ciudad. Barcelona vive, desde hace algunos años y de forma periódica al final de cada verano, una de estas oleadas informativas en que todos los focos (no solo de la ciudad, sino del país entero) se fijan durante unos días sobre un tema concreto: si hace un par de años el escándalo fue sobre la suciedad y el colapso turístico, al final del verano pasado tuvo que ver con la prostitución ejercida en pleno espacio público. Denominador común: la degradación urbana; lugar común: el centro histórico de la ciudad.
Si la primera crisis se saldó con operaciones extra de baldeo de las calles durante un tiempo, la segunda lo fue con una apabullante presencia policial en las calles que duró un par de meses. Pero, aparte de soluciones de tránsito, ¿no deberíamos preguntarnos -también como arquitectos y urbanistas- cuáles son los problemas estructurales de ese barrio que impiden que salga de su historial de marginalidad y crimen?
Vaya por delante el elogio. Al contrario que su hermano gótico al otro lado de La Rambla, entregado por completo al turismo, el Raval sigue manteniendo un carácter interesantísimo de barrio, en el mejor sentido de la palabra: aún muy residencial, es una coctelera multicultural que bien podría valer en muchas cosas como ejemplo de integración; es humilde aunque orgulloso: en ningún otro sitio he oído defender el concepto de barrio con tanto ahínco como ahí. ¿Qué lo sigue condenando al fracaso?
El Raval ha sido el territorio mítico de perdición de la literatura barcelonesa de todos los tiempos. En él se perdía Teresita Serrat (La Teresa de Últimas tardes... de Marsé) con sus amigos en las salidas fuera de las zonas más altas de la ciudad; en él suceden casi íntegramente todas las novelas canallas del reciente y tristemente fallecido Francisco Casavella, que lo hacía llamar por sus personajes (a los que, por otro lado, nunca se les ocurría salir de allí) El Barrio, a secas; en él crecieron, y de sus orígenes se mostraron siempre orgullosos, Terenci Moix, Vázquez Montalbán o Maruja Torres, entre otros. Alguna vez habría que analizar qué tipo de favor (si es que alguno) le ha hecho a El Barrio tan noble leyenda literaria, o si, más bien al contrario, de su malditismo real puede tener algo de culpa esta reputación en la ficción.
2. Gentrification
De toda aquella oleada de indignación popular de finales del verano del 2009 sólo resultó pedagógica, y extremadamente crítica, la opinión de un pequeño puñado de escritores, todos ellos residentes en el barrio; y de ella destaca especialmente el brillante artículo de Javier Calvo (JC) El Raval, un barrio prostituido, del que les recomiendo la lectura completa si tienen un poco de tiempo: su contenido no tiene pérdida, y no hay una palabra que sobre. Entre sus acertadas explicaciones, JC resalta el sonado fracaso del proceso de gentrificación que, en su opinión, habrían llevado a cabo sobre el barrio las élites municipales: una premeditada labor de sustitución de la población original pues...
"(...) No es ningún secreto que desde que (...) el Ayuntamiento de Barcelona iniciara el 'asalto' a la ciudad sin ley del Raval (...) las intervenciones urbanísiticas han buscado con ansia ese patrón bien conocido de lo que en inglés se llama 'gentrification', término acuñado en 1964 (...) para describir la expulsión de la humilde población autóctona de los Docklands londinenses y su reemplazo higiénico por una nueva población de clase media".
Hasta que, como no podía ser de otra manera, al sueño le llegó el despertar amargo:
"(...) Hace dos años, el modelo que se había aplicado al barrio simplemente se colapsó. Quién sabe si ayudado por la recesión económica, o por esa especie de entropía urbana que Manuel Delgado llama resistencia de la urbe, la 'gentrification' empezó a recular. Los grupos hosteleros empezaron a cerrar sus locales en la Rambla del Raval. El hotel Barceló se levantó, sí, pero permanece semivacío (...) aislado en medio del área musulmana del barrio, saludablemente inhóspita a sus pretensiones. Los irritantes vecinos de toda la vida, contra todas las previsiones, no se fueron (...) Y el crimen, lejos de responder a las ordenanzas (...), ha aumentado estratosféricamente, obligando a los vecinos y comerciantes a movilizarse. ¿Justicia poética? ¿Maldición?".
3. Ecosistemas urbanos y mezcla de usos
Es sintomática la utilización en varias ocasiones por parte de JC del concepto ecosistema. Aunque un ecosistema en precario, ese parecía ser el verdadero valor de El Barrio antes de las estrategias de transformación: un complicado sistema de relaciones y dependencia mutua, tejido con esfuerzo y tiempo entre población local e inmigrante, entre los usos residencial y comercial, prácticamente autónomo (por puro abandono) de los poderes municipales. ¿Cabe definición más bella de lo que tiene y debe ser un barrio, una ciudad en suma? Sin embargo, el concepto no es nuevo, y es triste constatar que hay que seguir reivindicando aún hoy la vigencia de las teorías que a principios de los '60 postulara Jane Jacobs contra las equivocaciones (o perversiones) del planeamiento urbano:
"(...) un solo principio emerge de manera tan ubicua, y de formas tan diferentes y tan complejas (...): [se trata de] la necesidad de las ciudades de una diversidad de usos más intrincada y de menor grano, que dé a cada uno un apoyo mutuo constante, tanto económica como socialmente (...). Creo que áreas que suponen fracasos urbanos adolecen de alguna manera de este soporte mutuo intrincado, y que la ciencia del planeamiento urbano y el arte del diseño urbano, en la vida real y en nuestras ciudades, deben de convertirse en la ciencia y el arte de catalizar y nutrir estas relaciones de pequeña granulometría. Creo que existen cuatro condiciones principales que generan diversidad urbana que sea útil en las grandes ciudades, y que al inducir deliberadamente estas cuatro condiciones, el planeamiento puede acabar incentivando la vitalidad urbana". (en The Death and Life of Great American Cities)
¿Qué había que desmontar entonces en el Raval? ¿Porqué ese miedo, pues, a un ecosistema al que sólo había que ayudar a dignificarse mediante inversiones en cultura, equipamiento, y rehabilitación de la parte insalubre del parque de viviendas? ¿Sólo el poder del capital? O quizás también, ¿temor al empoderamiento ciudadano de la vida urbana, como Juan Freire explica siempre que debe de caracterizar a todo espacio colectivo para convertirse en un procomún, desde el espacio público analógico de la ciudad al digital de Internet? (leer Cultura digital en la ciudad contemporánea: nuevas identidades, nuevos espacios públicos).
4. Una centralidad nunca conseguida
También hay, creo, un tema interesante de diseño urbano a la hora de explicar el reiterado fracaso del experimento Raval en Barcelona. Se trata de la disyuntiva, algo esquizofrénica, entre la centralidad y carácter periférico del barrio. Recordemos que, hace varios siglos, el Raval era la periferia fuori le muri de la ciudad, al otro lado de las murallas (las primeras) que se situaban en la actual Rambla. Esto le confirió al caserío y al tejido de calles un carácter arrabalario del que aún no se ha desprendido, y que por otra parte le confiere parte de su encanto. Aunque la segunda muralla lo alojó en su interior y su derribo la posterior expansión a su alrededor del ensanche Cerdà lo recolocó en posición central, nunca ha llegado a tener una verdadera centralidad respecto al conjunto de la ciudad.
Y no sólo es por la posición próxima a la montaña de Montjuïc (de la que sólo le separa el barrio -también abandonado- del Pueblo Seco), sino, sobre todo, la falta de elementos de gravedad que tiren de él al otro lado (el de Montjuïc); es muy didáctica la comparación con La Ribera. Hace no tanto tan degradado como el propio Raval, la recuperación del Borne en todos los sentidos (limpieza, actividad comercial, restauración del caserío) se puede explicar en gran parte, en mi opinión, porque se encontraba a mitad de camino entre el centro y una serie de intervenciones de rehabilitación urbana que, esas sí, fueron incentivadas con éxito por los planeadores: y pienso fundamentalmente en la recuperación del litoral, más allá de la Barceloneta.
¿No sería ocasión de recuperar el Raval... mirando más allá de sus límites? ¿De crear unos focos de atracción que lo hagan necesario de cruzar y utilizar por flujos urbanos no exclusivamente de barrio, básicamente en su parte trasera, en el Pueblo Seco, y en un nuevo acceso hacia la Montaña de Montjuïc desde el centro? Lo que se tiene planeado puede parecer lo mismo, pero no lo es: la operación puesta en marcha ahora para "hacer más permeable" el barrio en el Sur, con tal de permitir la entrada fácil de turismo desde la nueva dársena de cruceros, está condenada al fracaso, pues sólo crea circulación y relación en un sentido (del turismo hacia la ciudad) y no en el contrario, tampoco flujos interurbanos, y lo que es más grave, es una vez más una estrategia de monocultivo que ignora casi por completo el carácter diverso y tremendamente heterogéneo (aquéllo que lo hace un ecosistema) de El Barrio.
Un paseo por el Raval: reivindicación, hacinamiento, nuevas intervenciones (Fotos, montaje: AM 2010)
Viajar 
(Continuación a Bolaño y la extraterritorialidad, y hermanado con Viajar, de Elena)
"Recorrer el mundo, surcarlo en todas las direcciones, no llegará a ser más que un conocimiento somero de algunas de sus hectáreas: minúsculas incursiones en vestigios descarnados, un pequeño estremecimiento por la aventura, presas improbables logradas en medio de una dulce bruma, de las cuales algunos detalles quedarán en nuestra memoria: más allá de esas estaciones y carreteras, de esas pistas centelleantes de aeropuerto, de esas bandas estrechas de tierra que un tren nocturno lanzado a gran velocidad ilumina durante un fugaz instante, además de las panorámicas esperadas durante demasiado tiempo y descubiertas demasiado tarde, de los amontonamientos de piedras y de obras de arte, serán quizás tres niños que corren por una carretera blanca, o bien una pequeña casa al salir de Aviñón, con una puerta de listones que debió haber sido de color verde, la silueta recortada de los árboles en lo alto de una colina a los alrededores de Saarbrücken, cuatro obesos hilarantes en la terraza de un café en las afueras de Nápoles, la calle mayor de Brionne, en Eure [Normandía], dos días antes de Navidad, hacia las seis de la tarde, el frescor de una galería a resguardo en el zoco de Sfax, una minúscula presa atravesada en un lock escocés, o una carretera con forma de meandro cerca de Corvol-l'Orgueilleux... Y con ellos, irreductible, inmediato y tangible, el sentimiento de la concreción del mundo: algo que queda claro, súbitamente y muy cerca de nosotros: el mundo, no como un recorrido a rehacer una y otra vez, no como una carrera sin fin, un desafío incesante a superar, no como el único pretexto de una acumulación desesperante, ni como ilusión tras una conquista, sino como reencuentro de un sentido, percepción de una escritura terrestre, de una geografía de la cual habíamos olvidado que somos los autores".
(traducido y subrayado -libremente- del francés de las páginas 155 y 156, capítulo El mundo, de Espèces d'Espaces, de Georges Perec, Éditions Galillée, Paris 2000)
Lomo de la edición del año 2000 de Espèces d'Espaces, de Georges Perec, en la Editorial Galilée
Atlántico 
(Continuación a Desconectar para así poder reconectar)
San Sebastián de La Gomera, con el Teide al fondo (Foto AM, Invierno 09-10)
Desconectar para así poder reconectar 
(Continuación a De vacaciones)
Como viene siendo habitual, aprovechamos el día anterior a una pausa por vacaciones para recopilar los cambios de estructura y contenidos que han tenido lugar en este sitio web, que en este trimestre han sido numerosos.
1. Cambios en la estructura
Si la estructura de un sitio web se parece a la del pensamiento (y esto, en los sitios buenos, sucede así), no puedo dejar de agradecer a Ramón Puchades la paciencia y el tino por haberme calado con precisión la estructura del mío. Esto ocurrió hace ya cuatro años, cuando una serie de carambolas y azares nos llevó a comenzar conversaciones sobre cómo tener una presencia on-line para este Estudio de arquitectura; Ramón (RP) era por entonces socio fundador (y mejor activo) de la empresa Sonoratec, dedicada al diseño web, y a la que que por desgracia la recesión se llevó por delante un par de años más tarde.
Siempre recuerdo a RP decir que abrir un sitio en internet era una oportunidad única para cambiar la manera de trabajar y organizar la empresa, ¡y vaya si desde entonces lo hemos hecho! Como todo lo nuevo, es difícil valorar aquello de tangible que esto nos pueda haber aportado, pero desde luego nos ha permitido sumirnos en un proceso constate de definición de nuestro perfil y/o hechos diferenciales.
A RP se debe la estructura tripartita de las 3 pestañas y sus temas (aquí encima) y culpa suya es que la de en medio sea un blog; también lo son campos de los menús: creó con ello una estructura mental que (¡oh sorpresa!) parece tener capacidad ilimitada de irse volviendo más compleja sin por ello hacerse más complicada, una cuadratura del círculo pues hace encajar en una malla regular un contenido absolutamente heterogéneo y descompensado entre sí. Un mérito del que no sería justo excluir el olfato de su diseñador Paco Lemos, que esbozó una imagen austera por la que (corríjanme si me equivoco) parece que no pasa mal el tiempo.
Así que en ello seguimos, en una eterna versión beta: este otoño han aparecido categorías por tipología en la sección obras , y también una manera de categorizar las publicaciones. En nuestra ansia de internacionalización, seguimos poco a poco mejorando la versión en inglés; una nueva navegación por colores (más intuitiva) indica en la home inglesa qué páginas están traducidas (en rojo) y cuáles llevan al navegante a una página en español (en azul). La traducción del conjunto, paradójicamente, parece avanzar más despacio que las funcionalidades que la permiten: enmendaremos este desfase.
Y lo más importante: ha quedado por completo remozada la sección Investigación y docencia, para convertirse en el eje vertebrador de este sitio, en justa correspondencia a lo que ya existía en el funcionamiento del estudio; una serie de líneas de investigación (pudiendo distinguir entre vigentes y anteriores) que sirven como espina dorsal del resto de las secciones, ya sea el blog (donde se discuten), las publicaciones (donde se dan a conocer) o las obras, donde cristalizan a través de proyectos-piloto y los prototipos construidos que les suceden.
Por todo lo anterior, gracias de nuevo a nuestra programadora MelisaF. (proviniente de la cantera Sonoratec), por su paciente y laboriosa dedicación. Para saldar la deuda de reconocimiento de esta web con sus autores, se ha añadido un párrafo con los créditos en la sección Licencia de uso.
2. Actualizaciones del contenido
También han sido numerosas las actualizaciones de contenidos. Entre las publicaciones, destaca el artículo Green Roof Examples in Spain, que recoge la ponencia que hice en el Green Roof Congress de Stuttgart. Entre las obras, un nuevo proyecto-piloto de azotea habitable (Via Favència) que es continuación al de Blanes: de uno de los dos esperamos comenzar las obras en el trimestre que comienza. También es nuevo (o renovado) el contenido íntegro de las líneas de investigación. Por último, mencionar la publicación de la ficha de la obra de un edificio entre medianeras en Girona 102, una labor de Project Management que nos ha tenido ocupados los dos últimos años, y de cuyo resultado estamos especialmente contentos.
Y buena fiestas
Por hoy, nada más: tampoco por este mes, ni por este año, pues hacemos una pausa desde mañana día 25 de Diciembre hasta el próximo 7 de Enero. Como dice un artículo sabio de Mark Bittman del que he tomado prestado el título de este post (descargar), en la era digital es más necesario (si cabe) saber desconectar de la nube digital y laboral que nos persigue, para luego poder reconectar con renovadas energías y propósitos. Pero no se apuren, dejamos un vigía, se llama buzón de la sección Contacto, a través del cual sus peticiones, dudas, o quejas serán atendidas a nuestra vuelta. Que ustedes disfruten y descansen, queridos amigos, y ya saben: apresúrense despacio (Festina Lente).
(Sigue en Atlántico)
Desconectar para así poder reconectar, buenos consejos para vacaciones (Mark Bittman en el NYT)
Mediterráneo, entre 45º y 57.5º Este 
(continuación a Castilla, SW-NE)
Dos puentes de mando en esta ciudad: Home (izquierda); y Office (derecha)
Devolver la naturaleza a la ciudad 
(Continuación a Parques agrarios metropolitanos)
¿Qué demonios pintamos los arquitectos ocupándonos ahora de la naturaleza y las especies vegetales? Nosotros, que nos quejamos tanto del intrusismo de otras disciplinas en lo que considerábamos nuestro coto privado, ¿no estaremos metiendo las narices y las manos en territorio ajeno, donde se desenvolverían infinitamente mejor biólogos, geógrafos, paisajistas o arboricultores?
El título de esta entrada es resultado de una acertada traducción por parte de Manu Fernández (alias Mr. SuperGlue, dada su capacidad de lanzar retos ideológicos a la blogosfera y después re-ensamblar sus resultados dispersos) de la frase en inglés (Bringing Nature Back to Town) que inspiró al congreso del IGRA al que tuve la suerte de asistir en Stuttgart en Mayo de este año, y su publicación homónima.
Sí: debemos devolver la naturaleza a la ciudad. Haya estado contenida alguna vez en su interior de forma seria o no (la naturaleza dentro de la estructura urbana, pero esa sería otra discusión), parece claro que la actual insatisfacción que tenemos con el ambiente de nuestras ciudades (y la razón que nos hace huir de ellas de forma sistemática cada vez que podemos enlazar un par de días libres seguidos) tiene mucho que ver con un déficit crónico y aún no satisfecho de espacios verdes en su interior.
En la época de la movilidad permanente, el espacio verde urbano ya no puede seguir constituyendo un elemento aislado y estanco a la escala del barrio: debe enlazarse, mediante una malla verde, con el sistema de espacios verdes a escala territorial (por la parte alta de la escala) y con la suma de las micro-intervenciones en los rincones urbanos (en la parte baja); conectividad parece ser la palabra clave, en una era en que la ciudad y el territorio que la circunda ya no se pueden seguir dándose la espalda y perjudicándose la una al otro.
Y sí: los arquitectos sí tenemos algo que decir en esta dinámica de re-naturación de la ciudad y reurbanización sensata del territorio; primero, porque cualquier intervención con vegetación sobre los edificios supone un problema delicado de orden constructivo en el que serán útiles nuestros conocimientos; segundo, porque como urbanistas somos los profesionales que mejor se pueden enfrentar al dilema disciplinar que supone darle la vuelta a la situación marginal del proyecto de espacio público (era el intersticio resultante después de acciones inconexas de planeamiento) para así revalorizar su nuevo protagonismo como elemento vertebrador del proyecto urbano, a todas las escalas, en el Siglo XXI.
Tercero y último: porque cualquier colaboración en entornos multidisciplinares con esas profesiones, tan específicas, relacionadas con las ciencias de la naturaleza, servirá para alejarnos de los cantos de sirena del ostracismo (ver Arquitectos, el ocaso de una profesión) y para realzar el perfil transversal, integrador y holístico, que, hoy día, supone nuestro verdadero carácter diferencial.
También te puede interesar:
. Hay una falta de cultura del terriotorio (Entrevista a Arancha Muñoz en El País, Valencia).
. Granjas urbanas (post de Federico García Barba).
. Devolver la naturaleza a la ciudad y La piel vegetal de las ciudades (posts de Manu Fernández).
. Tipolgía Vs. Tecnología y El paisaje: una superposición de tramas (Líneas de investigación).
. La huerta y el paisaje valencianos (post de José Fariña).
Huertos para uso vecinal, en el interior de un patio de manzana en Berna, Suiza (foto © JMSarandeses)
¡Qué pena de escuela! 
. Artes plásticas: Dibuja en cualquier lugar, salvo en clase
. Música: Parloteo incesante
. Educación física: Demasiadas ausencias
. Francés: Alumno alegre, pero triste alumno
. Historia y geografía: Puede hacerlo aún mejor
. Matemáticas: Falta de bases
. LV1, Inglés: Habla mucho, pero ni una palabra de inglés
. SVT: No debe desmoralizarse
. Tecnología: No ha hecho nada, no ha entregado nada
. Decisión: El tercer trimestre será determinante
(Boletín de evaluación trimestral, en algún curso de la infancia de Daniel Pennac -en francés en la imagen que cierra el post-)
1. Chagrin d´école
De Daniel Pennac (DP) y su Chagrin d´école ya hablé, hace no mucho, en un post anterior de este sitio (ver Hacia una nueva pedagogía); comentado entonces a través de las reseñas de un clarividente tercero, toca ahora traerlo de nuevo tras la lectura completa del texto original.
Publicado en español bajo el desconcertante título de Mal de escuela (Mondadori) , Chagrin d´école constituye un verdadero manual de pedagogía: uno revolucionario y transgresor, eso sí, y ahí reside su gracia. Aunque despista por su tono divertido y novelesco, DP no deja títere con cabeza sobre el pretendido prestigio de la école de la république, la escuela pública y laica francesa. Pero no se engañen: como bien indicaba Mariano F. Enguita en ese artículo de La Revista de Libros que reproduje entonces, las conclusiones son del todo extrapolables y generalizables a cualquier estructura docente contemporánea, sin importar su país o fase educativa.
2. ¿De verdad no los vas a llevar ahí?
Si ustedes tienen hijos en su tierna infancia, sabrán de sobra que muchas de las conversaciones entre padres (aparte de las estacionales, que versan sobre fiebres y antitérmicos -en la época fría- o sobre qué hacer con los niños en sus larguísimos períodos de vacaciones -en la cálida-) acaban protagonizadas por las dudas crónicas en torno a la educación escolar que se les está dando o se les dará: tal parece ser el abanico de posibilidades, que muchos se consumen en la duda de si a los retoños les conviene dos, tres o cuatro idiomas, o si deben desarrollarse en un ambiente más bien autoritario versus otro absolutamente lúdico, etc.
Me refiero, claro está, a la escuela concertada, porque si ustedes se quiere ahorrar quebraderos de cabeza (y bastante dinero) quizás la decisión más sabia sea encaminar sus pasos hacia el centro público que por sorteo y proximidad a su domicilio le sea otorgado. Aunque también existen casos ciertamente enrevesados, como la escuela en que estudié y en la cual convivían en el mismo aula beneficiarios públicos de la École de la République y familias locales, honestamente ansiosas de un nivel que no encontraban en otro sitio, aunque atrapadas por ello en un círculo restringido y algo elitista. Con esos ambientes ultra-exigentes, que por otro lado recuerdo con especial cariño, ya rendí cuentas en En casa había demasiados libros, así que no me extenderé de nuevo sobre ellos, porque además Pennac lo hará por mí a continuación; mientras, mis amigos me siguen preguntando el porqué de la elección de una modesta escuela concertada de barrio (la de debajo de casa, literalmente) para la escolarización de las dos criaturas que nos amenizan la existencia.
3. Exigir, ¿qué y para qué?
Antiguo maleante y detritus escolar, Pennac se convirtió (paradojas de la vida) no sólo en un brillante y exitoso escritor de renombre internacional, sino también en un talentoso profesor de enseñanza primaria: tan talentoso que en él acababan los individuos y grupos más difíciles, aquéllos que parecían inmunes e impermeables a cualquier entrada de la civilización y la cultura en su cuerpo, algunos de ellos, desde luego, verdaderos peligros sociales.
Su planteamiento es sencillo: la escuela de la República, sí, tiene calidad, pero ¿a qué coste? ¿A cambio de generar una bolsa de rechazados y marginados escolares, que van sobreviviendo como pueden en las trampas y los intersticios del sistema? ¿Un grupo de alumnos que, ya escépticos a edad demasiado temprana, ven cómo sí funciona a su lado el ascensor social para los que sí cuadran con el estereotipo del triunfador laico y republicano? Si éste es el coste, no gracias.
Su principal crítica: trufar la educación de juicios de valor (¿en virtud de qué estándares, qué parámetros?), que muchas veces minusvaloran (y lo que es más grave, taponan) las verdaderas vías de progresión personal de cada individuo. Ver sino lo lejos que llega y espabilada que está la protagonista de la novela de moda este verano, verdadera escoria social por la que nadie hubiera dado un duro, salvo el bueno de Stieg Larsson, que la rescata del fango para alegría de sus lectores.
4. Compartimentos estancos
Aún más grave que ese dirigirsmo educativo y determinismo social que denuncia DP hacia un tipo preestablecido de triunfadores (los conocidos en francés como grands cadres, o gente que sale de las Grandes Écoles), resulta la revelación de que la sociedad de consumo parece por fin haber logrado su acomodo en el interior de la escuela, y lo ha hecho a través del lenguaje adolescente subyacente a la proliferación de marcas.
Frente a ello, Pennac propone que el docente se plantee el grupo y el curso como compartimentos estancos, en el espacio y en el tiempo: yo, mis alumnos (que son 20ytantos y entre los que, por infalible estadística, hay de todo) y mi curso, que empieza en Septiembre y acaba en Junio. ¿Antes? Sobre lo que pasó antes de este grupo y este momento no hay nada que añorar, menos aún que reprochar -¡qué mezquino y cómodo es ese falta de bases!-; sobre lo de después, nada más que probabilidades y potenciales, que (estos sí) dependen del alumno y no del profesor.
5. El compromiso pedagógico
Pero ¡cuidado!, no debe parecer que DP denoste la cultura del esfuerzo, al contrario: como todos, la añora, la reivindica, y vincula su pérdida precisamente a esa irrupción del mercado de consumo en el espacio sagrado de las aulas; si la libertad, nos enseña la sociedad, se alcanza por el mero (y simple, y barato) acto de consumir, ¿cómo vamos a enseñarles a nuestros alumnos lo contrario y evidente, que es que la libertad sólo se alcanza por el crecimiento y mejora personal conseguidos con gran esfuerzo?
Es interesantísimo también su acercamiento epistemiológico y de vivisector a la pedagogía, metiendo el bisturí y triturando gramaticalmente (es profesor de francés) esos "y, ça" : "esto, eso", pronombres apersonales que al principio de curso trufan las respuestas de sus alumnos, a los que obliga a sustituir por las cosas con su nombre y apellido; camuflar como un mero ejercicio de análisis gramatical lo que en realidad acaba siendo un auto-aprendizaje sobre las trabas vitales que la sociedad y ellos se están poniendo... ¡esto sí que tiene mérito!
Queda apuntar un aspecto importante y revelador: un buen pedagogo, ¿debe haber sido necesariamente un mal alumno? DP deja claro que el vínculo entre una y otra cosa en su propio caso es evidente, como si sólo a través de la proyección positiva y optimista a terceras personas en dificultades se pudiera resarcir respecto al sistema que como joven le denostó. Bueno, eso y el haber tenido (este detalle, listo de él, no lo explica más que de pasada) el respaldo incondicional de un padre (no así el de una madre) que le ofreció en toda su zozobra infantil una cercanía y apoyo casi clandestinos, con tal de hacerle entrever que... quizás... no era tan inútil para la vida: como al final quedó demostrado al Torpe Pennac, porque Los más listos no triunfan siempre.
Boletín de notas del joven Pennac (contraportada del libro)
Cada vez que veo un adulto en bicicleta 
"(...) Every time I see an adult on a bicycle, I no longer despair for the future of the human race" (Cada vez que veo un adulto en bicicleta, dejo de desesperarme por el futuro de la raza humana). H. G. Wells
Más elogios de la bicicleta:
. Elogio de la bicicleta, por Marc Augé
. Elogio de la ciudad y de la bicicleta, por Joan Subirats
. ¡Arriba las bicicletas!, por Carlos Arribas
My Brompton Bike, tras dar la vuelta al lago de Banyoles (Foto: AM, Otoño de 2009)
Arquitectos, el ocaso de una profesión 
(Continuación a No son genios lo que necesitamos ahora)
"(...) Todavía había arquitectos cuando yo estudiaba. Dibujaban con elegancia, reconocían el terreno como exploradores victorianos, examinaban los materiales al tacto y a veces al gusto (lamiendo un ladrillo medían su impermeabilidad), para ellos un paisaje era una escultura y un edificio el remate que debía glorificar ese paisaje (...)". (Félix de Azúa, en Cuando hay arquitectos amables).
1. El blindaje
¿Cuándo comenzamos a blindarnos los arquitectos? Aunque: ¿hubo algún momento en que no lo hayamos estado? Quizás los arquitectos como autores no, nunca dejaron de ser un mundo estanco y elitista; en cambio, la arquitectura, que es la disciplina que nos ocupa, sí lo fue, o lo ha sido casi siempre: anónima, humilde y paciente.
El mediocre desenlace de la negociación de nuestros planes de estudio para adaptarlos al proceso de Bolonia no es sino una más de las muestras patentes de que nuestro mundo sigue ajeno a los procesos por los que se rigen el resto de las disciplinas: "Los ingenieros nos pisarán las competencias" ... "los aparejadores podrán firmar lo mismo que nosotros pero con sólo 3 años" o "nos hemos quedado sin estudio de grado"... son las frases que nos hemos cansado de oír en los últimos meses, procedentes de las escuelas de arquitectura o de los colegios profesionales, en circulares solemnísimas firmadas por todos los ex-decanos, etc. etc.
Esta plañidera continua referente a la interferencia de otras disciplinas sobre el espacio supuestamente propio (por cierto, prácticamente idéntica a lo que oíamos como estudiantes en los años ´80), ¿no es más bien una estrategia de dispersión encaminada, primero, a camuflar la incapacidad manifiesta de los responsables de la negociación para defender los intereses principales, y segundo, a negar que... algo harán mejor esas otras profesiones para llegar a ser capaces de ocupar nuestro espacio?
Por suerte, y como en tantas otras cosas, la normativa europea ha venido al rescate de la profesión en España, al obligar a intervenir por fin contra las imposiciones de la colegiación obligatoria y sus efectos derivados, por los cuales que las empresas de arquitectura no hemos podido valernos de las herramientas que utiliza todo el mundo para ejercer la competencia (un estudio de arquitectura, por ejemplo, ¡no podía hacer publicidad!): como bien defiende Gonzalo García en Los arquitectos y el dinero, no tiene sentido fingir que seguimos gozando de unos privilegios pseudo-aristocráticos cuando estamos expuestos (como todos, o incluso más) a las inclemencias de un mundo cambiante y abierto por los cuatro costados.
Sobre el absurdo de los colegios profesionales en su formato actual, la lectura más entretenida que se puede hacer es el blog n+1, que incansablemente dispara en su diana con un tono mordaz y divertido, no exento de polémica (ver por ejemplo Congreso para-lelo.s).
2. ¿Porqué no un arte popular?
De forma muy afinada, el brillante Enric González (EG) se preguntaba en una columna reciente de El País porqué y cuándo se había producido el divorcio entre la arquitectura y la cultura popular, si es que alguna vez había existido vínculo alguno.
En un tiempo en que hasta el arte contemporáneo más transgresor puede muchas veces ser considerado como pop o mainstream, es incomprensible que no hayamos logrado encontrar para nuestra disciplina un cobijo, un epígrafe, en el magma de la cultura de masas: es cierto que existe una importante presencia mediática de los Starkitects, pero esto tiene más que ver con la adicción de los Ayuntamientos con este tipo de figuras como estrategia de promoción que con un verdadero gusto, disfrute o acerbo popular por el edificio o intervención urbana en cuestión.
Todas las especies que tienden a la endogamia acaban desapareciendo o transformándose: aislados en nuestros despachos y en las escuelas de arquitectura, no seremos capaces de recuperar el prestigio perdido hasta que no entendamos que los profanos en la materia tienen tanto derecho como nosotros a decir lo que consideran la buena o la mala arquitectura, la que les gusta o les disgusta, tal y como hace EG al proclamar a los cuatro vientos que la Casa Ugalde le parece la casa más bonita del mundo (cosa en la que, desde luego, tiene toda la razón ;)
3. Cambiar el modelo de enseñanza
Cuando se tiene 20ypocos años y se estudia en una escuela de arquitectura, lugar donde al parecer rebosa el talento y el glamour, es difícil -poco menos que imposible- autoconvencerse de que todos los profesores de proyectos que uno va teniendo están del todo equivocados: enfrente, una pequeña y modesta convicción de que las cosas son de otro modo no acaba de cobrar la fuerza suficiente como para desbancar a la duda sobre la propia capacidad, que acaba imponiéndose en un ambiente así.
Dicho de otra manera: de lo contado más arriba (y de la realidad estética de nuestras ciudades y periferia) tienen mucha culpa las escuelas de arquitectura, y en particular los Departamentos de Proyectos.
Con el paso de los años, y cuando las carambolas de la vida lo colocan a uno en el puesto de ellos (el de un profesor de proyectos), ya no se tiene empacho en constatar que (tal como le gusta repetir a un colega)... "si me explicaban una cosa una y otra vez, y yo no la entendía, no es que yo fuera tonto, sino que esa cosa simplemente estaba mal".
Cambiar la tendencia y la ideología de la enseñanza y formación de los arquitectos hacia una actividad centrada más en el oficio que en el ego supondrá en muchos casos una labor titánica; por suerte, hay excepciones: la ETSAV tuvo desde su fundación un claro modelo de colaboración interdepartamental, y su plan de estudios sigue siendo para muchos el ejemplo a seguir. A pesar de todas sus deficiencias y desajustes, ese parece ser el camino lógico, y queda pendiente ahora enlazarlo no solo con otros departamentos, sino también con otras disciplinas.
4. Architecture is 2.0
Hace no mucho una carambola en cadena (de estas tan divertidas que hacen que la blogosfera merezca la pena) llevó a una serie de personas a plantear, de golpe y abierta en canal, la disyuntiva de si la arquitectura podía y debía ser o no una disciplina participativa.
Al parecer, el hilo lo comenzó quien esto escribe con un inocente comentario a una entrada de Manu Fernández, siguendo posts (mucho más sesudos e interesantes que mi comentario) por parte de Ion Cuervas-Mons, Lourdes Bueno y Miguel Villegas, Domenico de Ecosistema Urbano, o Francesco con su muy acertado título de Architecture is not 2.0. (la recopilación se la debo al mismo Manu, y proviene de su post Esquinas Inteligentes).
La discusión coral se preguntaba, básicamente, porqué el urbanismo había transitado suavemente hacia una disciplina colaborativa (como dan fe la intensa actividad y la calidad de los blogs sobre diseño urbano y sostenibilidad), mientras que los arquitectos seguíamos, una vez más y ahora despreciando las oportunidades de las herramientas digitales, en nuestro ostracismo de marfil.
Las conclusiones de cada uno fueron diversas, todas interesantes: la mía es que (y contestando a la irónica paradoja que planteaba Francesco) la arquitectura sí que es, y le viene bien serlo, 2.0: es éste (el de las tecnologías en red) el único camino que se me ocurre puede desempolvarnos de una vez por todas, y hacer del proyecto un proceso colaborativo, de ida y vuelta, reiterativo y con más anonimato del autor: una cosa que nunca, por cierto, debiera haber dejado de ser así.
Las inercias que frenan un cambio son muchas: no sólo provienen de las escuelas o de los que estamos al frente de un estudio de arquitectura; a veces surgen en donde uno menos se lo esperaba, pues la estructura piramidal del trabajo ha calado (y bien) en jóvenes que, por ser nativos digitales, se suponían más abiertos a los procesos participativos y a la asunción de su cuota de responsabilidad. En el caso de nuestro estudio, la implantación de una estructura horizontal de trabajo sigue siendo, a día de hoy, un sonoro fracaso (ver Aupemos al poder blando); es seguro que esto viene causado por una serie de limitaciones propias, entre ellas probablemente una manifiesta incapacidad para delegar. No es culpa, en cambio, de una falta de voluntad por imponer dinámicas de grupo, y menos aún -mucho menos- de que la arquitectura y su proyecto no puedan convertirse en un proceso 2.0.
Proyecto de Tesis: aprobado 
(Continuación a Porto Petro, hacia una nueva pedagogía)
El pasado Lunes 13 de Julio de 2009 presenté, en la ETSAB y ante tribunal, el Proyecto de Tesis de nombre El exterior como prolongación de la casa; el tribunal estaba compuesto por los profesores del Departamento de Proyectos Arquitectónicos Moisés Gallego, Jaime Ferrer y Cristina Jover, que consideraron el Proyecto y tema de Tesis como aptos, otorgándoles la calificación Excelente.
El director de la Tesis Doctoral es el profesor Carles Martí Arís; el plazo comprometido para su elaboración, de 2 años desde la aprobación del tema; la fecha de lectura deberá ser, por tanto, anterior al verano de 2011.
Ver también:
. Línea de investigación de nombre homónimo, Línea 2: El exterior como prolongación de la casa.
. Presentación defendida ante el tribunal (Descargar en Pdf 1,4 Mb).
. Y no debo olvidar: mi agradecimiento a los profesores José Fariña y Pere Fuertes, que me ayudaron a encaminar mis pasos en la buena dirección para que esta fase culminara con éxito.
Trabajando sobre el edificio Compositor Bach, Archivo Coderch de St. Cugat (Foto: AM, circa 2006)
Le Midi 
A la derecha de la foto -de naranja oscuro y haciendo el pino- los dos personajes culpables de mi vida actual. Este mismo rincón del mundo aparecía de esta manera en el verano de 08: La otra cara de la calle perfecta, y de esta otra en el de 07: Et la France aussi; los dos personajes, más un tercero también importante, eran hace no mucho así.
... porque no todos los embotellamientos de tráfico son de coches (foto NBA, verano de 2009)
Queridos amigos: este Estudio de arquitectura comienza mañana, sábado 25 de Julio de 09, sus vacaciones del verano de 2009; estaremos otra vez en activo en breve, y mientras tanto localizables a través de la sección Contacto de esta web. Cerramos con esto un intenso curso 08.09, y prometemos volver con renovadas ganas y no pocas novedades. Sólo queda agradecer su fidelidad y sus comentarios, también su paso, aunque fuera furtivo, por este sitio: todo ello nos merece, estén seguros, mucho la pena. Auguri.
Otras pausas anteriores:
. 4 días de Abril (SSanta 09)
. Paramos (Navidad 08.09)
. De guardia (Verano 08)
. Razones para una ausencia (Febrero 08)
(Sigue en Desconectar para así poder reconectar)
Антон Чехов 
«(...) E allora questa aculturazione sta distruggendo in realtà l´Italia, / quello che posso dire senzáltro è che il vero fascismo è proprio / questo potere della civiltà dei consumi che sta distruggendo l´Italia / e questa cosa è avvenuta talmente rapidamente che non ce ne siamo resi conto, è avvenuta in questi ultimi cinque, sei, sette, dieci anni... / è stato una specie di incubo in cui abbiamo visto l´Italia intorno a noi distruggersi, sparire. / Adesso, risvegliandoci, forse, da questo incubo, e guardandoci intorno, ci accorgiamo che non c´è più niente da fare».
(Pier Paolo Pasolini, poco antes de su muerte, en la playa de Ostia, 1974)
¿Se puede vivir sin haber visto una obra de Antón Chéjov? Francamente: NO. A quien afirma (y son bastantes, muy próximos y leídos)... "A mí, es que el teatro no me gusta... me aburre" ... hay que contestarles que lo que les pasa es, sencillamente, que no han dado con la obra, el autor, o la compañía adecuada. El teatro no puede "no gustar". Es imposible.
Cuando hace un tiempo me lamentaba, algo en broma, de no saber elegir bien las ciudades en que acababa viviendo (lugares que parecían entrar en irremediable declive desde el momento en que los pisaba -leer-), quizás olvidé que ha sido precisamente en dos de estos sitios de exilio voluntario donde se prendió la mecha de mi afición al teatro. Por la razón que sea, la ciudad mediterránea en que ahora vivo y la metrópoli septentrional e insular en que viví un buen puñado de años, tienen extrañamente en común un caldo de cultivo propiciatorio del vero teatro, aquél que atraviesa los géneros y los tiempos para pegarte un buen puñetazo, fuerte y certero, en pleno estómago: puñetazos dolorosos pero que recuerdas toda tu vida. Un teatro que nunca encontré en la ciudad continental en que nací, donde, es cierto, siempre resultó encomiable el esfuerzo por dramatizar a Lope o Calderón, pero uno no encontraba jamás en escena al núcleo del teatro útil para el boxeo con uno mismo; es decir: Antón Chéjov (ACh.) y William Shakespeare (WSh.).
Pero... no, de nuevo miento: mi primer contacto con Chéjov fue precisamente en Madrid, aunque a través del cine. Una tarde de domingo, acompañado de Q., en ese sitio psico-urbano llamado Plaza de los Cubos, vimos en el Cine Princesa Vanya on 42th Street, un film basado en la obra homónima de ACh., dirigido por Louis Malle y adaptado por David Mamet (ahí es nada), en el que resulta profundamente perturbador descubrir cómo los personajes del drama van fagocitando al grupo de actores que lo recrean, al principio de forma festiva, en un teatro al borde de la demolición durante una luminosa mañana neoyorquina.
En Londres viví bastante tiempo en Hampstead Heath, en casa de RQ, un hombre en la mitad de su cincuentena, actor de teatro en declive y escritor de relatos radiofónicos para la BBC. Una situación propia de una novela de Javier Marías que, créanme, sólo puede ocurrirle a uno en esa ciudad, más aún si se tiene en cuenta que la sola razón por la que, en un principio, escogí aquella casa, fue por ser la única que pude encontrar sin moqueta en baño y cocina; de ahí, con el tiempo, derivó con R. una amistad transgeneracional cuyos puntos de encuentro eran la lengua inglesa (lo bueno que sé me lo enseñó R.), el ajedrez (nunca logré batirle) y el amor al teatro de WSh.: él me mandaba a las representaciones de barrio o en hangares industriales, de las que recuerdo especialmente un Macbeth negro y rasta... Y ¡cuidado!: delante de un actor que se precie no se puede pronunciar nunca el nombre de esta obra, a la que se debe nombrar The Scottish Play; R. se llevaba horrorizado y supersticioso las manos a la cabeza cada vez que yo, entusiasmado con lo que acababa de ver, pronunciaba el nombre de pila del rey de Escocia.
En Londres vi también The Cherry Orchard, y (ya cuando vino N. a vivir allá) un Troilus and Cressida del que no entendimos absolutamente nada, pero que nos fascinó al descubrir en el National Theatre que al teatro se podía asistir como a un circo, con la escena circular en el centro y el público alrededor.
Ya en Barcelona disfrutamos, entre otras, de un Hamlet algo obsceno de Calixto Bieito en el Romea, y sobre todo, de un Oncle Vània impactante en el Teatre Lliure, con una esplendorosa Mónica López en el papel de Ielena, que nada tenía que envidiar a la bellísima pelirroja Julianne Moore de la versión neoyorquina. Y esto hasta hace dos semanas: un viernes por la tarde por fin conseguimos entradas para Molts records per a Ivanov, una versión libérrima de Pep Tosar y Albert Tola sobre el Ivanov chejoviano y llena injertos propios y ajenos, que van desde Pasolini a Pink Floyd pasando por Thommas Mann. Como bien dice Marcos Ordóñez en su brillante crítica, "(...) que Santa Lucía guarde la vista a nuestros beneméritos programadores", pues la compañía, después de dos años de portazos de los grandes teatros, acabó alquilando de su bolsillo el minúsculo Cercle Maldà, uno de aquéllos cenáculos noucentistas en que los ricos de la ciudad encargaban representaciones privadas de sus obras preferidas.
Y yo digo: ¡gracias, benditos programadores! que nos habéis permitido disfrutar de este tarro de las esencias en un salón de 15 m2, casi apartando los pies propios para que los actores no acabaran tropezando. Quizás quien mejor ha logrado explicar porqué dentro del tarro coinciden siempre Chéjov y Shakespeare (símbolos de lo transversal, de la retroalimentación creativa entre lo muy particular y lo universal) ha sido José María Merino en un reciente artículo llamado Shakespeare en la Rusia profunda, al afirmar que...
«(...) Sin embargo, se ha reflexionado menos sobre el fenómeno de cómo estos autores [los escritores rusos] fueron capaces de unificar dos propósitos en apariencia divergentes: el dar sentido literario a una lengua, la rusa, menospreciada hasta entonces (...), y el que sus proyectos narrativos no dejasen de pretender armonizarse con la literatura universal. Lo cierto es que los escritores rusos, muy ceñidos a su realidad inmediata, nunca tuvieron una visión meramente localista o costumbrista de su labor, nunca perdieron la perspectiva de estar integrados en un imaginario que desbordaba las estrictas fronteras de su lengua y su país».
Y esto -sólo esto- es lo que hace que estas criaturas (Vania, Ivanov o Hamlet) se puedan travestir en intelectuales de Nueva York, dramaturgos derrotados de Palma o quinquis de barrio; y que nos hablen en inglés, francés, catalán o incluso (ni más ni menos) con acento mallorquín; y, no obstante, que sigan significando lo mismo para lo que las hicieron nacer sus autores.
Y también: que nos sintamos tan profundamente identificados (y espantados por hacerlo) con esos personajes chejovianos -casi siempre varones que han pasado el ecuador de su vida-, para los que, de repente, poco o casi nada tiene sentido, y que descubren cómo aquél perrito juguetón que al principio era la vida, y que se dedicaba a lamerles los tobillos, ha pasado a portar ahora una hermosa y afilada guadaña; y que todo ello ha ocurrido sin que el hastío circundante les haya permitido darse cuenta: un hastío que, al fin y al cabo, será el único refugio confortable donde vuelvan a instalarse para tratar de ahuyentar el horroroso hallazgo.
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Puedes seguir, en esta misma bitácora, con:
. Más rusos que flotaban descontextualizados, en Nabokov en el Jarama
. Otra reflexión sobre la contraposición entre lo general y lo particular, entre lo local y lo universal, en Entre lo uno y lo diverso
Extracto de la cubierta del programa de Ivanov en el Círculo Maldà de Barcelona, Verano de 2009
Porqué nos sigue gustando La Rambla 
(Continuación a ¿Qué le pasa a Barcelona?)
Cuentan los cuadernillos locales de la prensa nacional (el Cataluña de El País, el Vivir de La Vanguardia) que en la ciudad mediterránea en que vivo, icono del turismo mundial en el Siglo XXI, existe un lugar donde al llegar la noche se pueden vivir aún aventuras increíbles dignas de la novela más sórdida de Vázquez Montalván (leer noticias aquí y aquí). Lateros, trapicheo de todas las drogas posibles, prostitución consumada en plena calle, robos de diverso alcance... se adueñan al parecer de La Rambla al caer la oscuridad.
Como mi responsabilidad actual de trabajoso padre me impide por lo general visitar el lugar a tal hora, me quedo con mis paseos diurnos, en bici o a pie y camino del trabajo, y me dispongo a escribir un breve elogio en toda regla... seguro que del todo extemporáneo.
Sobre la degradación de Las Ramblas y calles que se le asoman no debemos asombrarnos: siempre estuvo ahí, en mayor o menor medida, y le es inherente; Félix de Azúa lo explicaba muy bien hace un tiempo aludiendo a que, por orografía y proximidad portuaria, aquél había sido y seguiría siendo el desagüe donde acababan confluyendo los flujos traseros y más indignos del conjunto de la ciudad.
Oriol Bohigas se lamentaba en cierta ocasión (con razón, aunque -asombrosamente- sin sentirse en absoluto responsable) de que La Rambla estaba pereciendo bajo el doble monocultivo del turismo de chancleta y fin de semana, y bajo el monopolio premeditado del uso peatonal: como todos los monocultivos, se decía, el de los peatones es también pernicioso, si a un sitio se le quita un cierto mix funcional con otras actividades y medios de transporte.
No obstante, y a pesar de todo ello, La Rambla sigue aguantando, y descubriéndose por momentos (hay que saber elegir el momento del día, eso sí) como el paseo perfecto. ¿Qué la hace tan especial? Creo que la clave de su éxito como espacio público reside en que se den a la vez los siguientes tres factores:
. sección: como en todos los espacios públicos lineales de calidad, la sección de La Rambla es a la vez constante (la división en dos aceras, dos carriles de tráfico, y un bulevar central con al menos 60% de la superficie) y cambiante; desde Canaletas hasta Colón, su perfil se estrecha y ensancha un gran número de veces, aunque sin perder la proporción entre las partes.
. continuidad: al contrario que su prolongación noble hacia la montaña (Rambla de Cataluña), La Rambla supone, en su andén central, un paseo continuo y lineal de casi 4 kilómetros, sin interrupción alguna para el peatón, sin semáforos ni pasos de cebra, y -esto es crucial- de traza no recta, sino sucesivamente quebraba.
. topografía: contra lo que pueda parecer, La Rambla no es plana, ni mucho menos. Tiene en todo su recorrido una suave pendiente, descendiente desde la ciudad hacia el puerto, nunca superior a lo que resulta cómodo para el paseo (¿6... 7%?), lo cual la hace claramente mejor; y lo que es más importante, es una pendiente cambiante, por momentos más plana y otros más inclinada.
No hace falta ni mencionar lo imprescindible que resulta el arbolado (aunque maltratado, forma una hermosa bóveda continua de principio a fin), y tampoco es desdeñable la muy acertada colocación de los elementos de mobiliario urbano (prensa, flores, y demás), siempre alternados al tresbolillo, o el diseño del pavimento y el abombamiento de la calzada. Pero, como ya vimos en La calle perfecta de Alberti en Pienza, la verdadera calidad del espacio urbano -y este no es sino un ejemplo más que lo corrobora- viene dada por una sabia combinación de todos los factores que contribuyen a la forma, alternando lo general con lo singular, lo constante con lo levemente cambiante: cuestiones todas ellas, queridos amigos, que no nos son ajenas, ni mucho menos, a los técnicos que tenemos encomendado el diseño del espacio público. Y es gracias a esto, y a nada más, a lo que el paseo sigue manteniendo su magnetismo intacto, y seguirá sobreviviendo a las sucesivas maldiciones que le vayan siendo encomendadas.
Actualización en Septiembre 2009: aunque un poco off-topic respecto a los temas aquí tratados, es interesante reseñar los artículos recientes aparecidos sobre La Rambla; al pasar el verano, la situación de degradación parece haberse acrecentado de manera alarmante y rápida -y desde luego bastante asqueante-; ver sino las noticias en prensa de Agosto y Septiembre: noticia 1, noticia 2, , noticia 3. Es lo que tiene dedicarse a convertir una ciudad en una marca, un concepto que por definición alude a lo subjetivo e intangible, y que cada uno acaba interpretando como le place: se promueve algo como un destino "guay" y de diseño, y se acaba uno convirtiendo en... un destino de turismo sexual. Sobre todo esto, lo mejor que se ha escrito en mucho tiempo es el artículo de Enric González La fiesta fingida.
(Sigue en ¡Queremos un barrio digno!)
El comienzo de Las Ramblas visto desde Canaletas, al principio de la Primavera de 2009 (Foto AM)
No crecer 
(Continuación a El crecimiento se sustenta gracias a la insatisfacción)
¿Cómo son de verdes los brotes que ve el presidente Zapatero? ¿Y los que aprecia su homólogo Obama? ¿Cómo son de grandes? ¿Dónde están? Y lo que es más importante: ¿qué está brotando según ellos, si es que es algo? ¿Las mismas malas hierbas, o... vegetación más autóctona, resistente y adaptada al medio?
La cuestión no es trivial, y nos tiene a casi todos el alma dividida: primero porque (y esto lo explican los expertos una y otra vez) no sería la primera vez que se pudiera dar una falsa recuperación; de hecho, la recaída del ´29 tras el simulacro de remontada llevó a un sitio mucho peor del que se provenía. Luego también porque... NO, no da igual si se vuelve a crecer, sino importa con qué.
Es cierto que algunos indicadores recientes muestran una cierta "desaceleración de la caída" (el campo metafórico para hablar de esta recesión es absolutamente sorprendente) en la economía mundial, pero ¿hacia dónde nos dirigiría? ¿Hacia lo mismo que provocó el hundimiento? No, gracias.
Pienso (lo pensaba ya antes de esta recesión) que el parámetro con que se mide la prosperidad y mejora de un sistema económico es equivocado; y saber si los métodos de evaluación son los adecuados es cuestión crucial: ya hablamos de ello aquí en Los métodos de evaluación en I+D deben cambiar, en donde, salvando las diferencias -pues se hablaba entonces de las pautas aplicadas a la investigación en arquitectura- se ponía en duda que dichos registros evaluadores pudieran ser inamovibles y no cambiar con el tiempo.
Medir el progreso económico en términos de crecimiento es (pienso) no sólo equivocado, sino incluso perjudicial. No me cansaré de repetir la frase del Profesor Fariña cuando asegura que... "(...) es imposible crecer de forma infinita en un mundo donde los recursos son finitos (...)"; adorar y desear el crecimiento es, además, una grosera simplificación de las cuestiones cualitativas en aras de las puramente cuantitativas.
¿Porqué no medir -al menos en el mundo occidental, donde el nivel mínimo de bienestar medio hace tiempo que se alcazó- en términos de mejora, especialización, en vez de crecimiento? Sobre esto se ha discutido varias veces en el blog del amigo Manuederra, especialmente en los comentarios de la entrada Bill Clinton le hace la competencia a Al Gore, donde Manuel nos introducía al muy interesante concepto de desacople, aquél por el cual se llegaría a desvincular la mutua dependencia entre crecimiento económico y emisiones de CO2 (¿no es triste comprobar que España sólo converge hacia el cumplimiento de Kyoto desde que ha entrado en recesión?). Nos inventábamos entonces un concepto gracioso que bautizamos como crecimiento fluctuante, y que vendría a ser un crecimiento y decrecimiento alterno de la economía en función de la disponibilidad (siempre cambiante) de los recursos; el éxito de un sistema económico basado en estas fluctuaciones sería mantenerse en un ratio=0 al cabo del tiempo, porque... queridos amigos, como no estamos para fiestas, el decrecimiento tampoco parece ser una opción muy defendible.
Sobre lo esbozado en esta humilde y breve reflexión previa al fin de semana, cabe remitir a lo que que ya explicaron al respecto (antes, mucho mejor, y entre otros) las siguientes personas:
. Federico García Barba en: El crack de 2010 y La gran orgía del despilfarro
. José Fariña en: Decrecimiento, Décroissance, Decrescita
. Joan Subirats en: Cambiando sin saber hacia adonde
. Timothy Garton Ash en: La felicidad en un mundo hecho trizas
Espacios públicos sobre lugares habitados 
Jueves 28 de Mayo de 2009
Publicado en: Actualidad
(Want to read this in English?)
El 27 de Mayo de 2009 fuí invitado por la International Green Roof Association (IGRA) a dar una charla en el International Green Roof Congress, que tuvo lugar entre los días 25 y 28 del mismo mes en la ciudad alemana de Nürtingen, a pocos kilómetros de Stuttgart. La charla tenía por título "Building Public Spaces over Inhabited Places" ("construyendo espacios públicos sobre lugares habitados"), y en ella expuse tres proyectos de este Estudio de arquitectura: Los Docks (jardín sobre un garaje), Daoiz y Velarde (espacios libres) y Blanes (azotea habitable sobre un edificio de vivienda protegida). También se me pidió que hiciera un breve repaso por los temas del libro Habitar la cubierta, y que explicara las particularidades de nuestra metodología que auna proyecto arquitectónico y estrategia de I+D.
Ésta es toda la información disponible:
. Presentación en pdf baja resolución (descargar)
. Lista completa de ponentes (consultar)
. Fotos (en el sitio web del congreso -ver- y en el de ZinCo España -ver-)
. Publicación y artículo relacionado (leer)
Enlazo también otros temas similares que tangencialmente se han discutido en esta web:
1. La chambre à ciel ouvert (entrada de Enero 2009)
2. 4 árboles y una buganvilla (entrada de Diciembre 2008)
3. Un jardín en la cubierta (entrada de Octubre 2008)
4. El espacio público del Ensanche (entrada de Octubre 2008)
5. Sotabanco (entrada de Mayo 2008)
6. Roofscapes (entrada de Mayo 2007)
7. El techo de cañizo, Capri (entrada de Mayo 2007)
¡Espero que os interese! AM
...The city could be crossed without going down to the street (Picture of the Cashbah in Algiers)
Zurcir el reverso 
Elena podrá comprobar con desolación que los daños que el primo V. era capaz de infligir a las especies vegetales podían llegar a ser mucho mayores de los que ya la escandalizaron en los comentarios de Inside looking out. No obstante: he creído oportuno traer el reverso de aquél espacio intersticial donostiarra que enseñaba hace dos semanas para entenderlo del todo: ningún lugar entre medias se llega a comprender bien si no se ven sus dos lados, su anverso y su reverso. De ellos, a mí me gustan especialmente: a) el periscopio (ligeramente girado hacia... ¿el puerto?), b) la hornacina, que -lo juro- no contenía ningún secreto ni osario, y c) el recuerdo de los meses duros que nos trae el vidrio sucio que, colocado sobre la balaustrada exterior a Oeste, sirve para protegerse de la galerada cantábrica; también: aprovechar -sólo faltaba- para agradecer al primo V. que nos dejara pasar unos días en tan privilegiado lugar con ocasión del nacimiento de nuestro primer hijo H. Y además: recordar dónde están ensambladas las otras visiones poliédricas de este blog... aquí. Es decir: que, como pueden ver, queridos amigos, en este momento me estoy dedicando a zurcir, que en un medio digital quiere decir algo así como echar hilos entre cosas que tienen que ver entre sí y que nadie había conectado aún, y créanme: cuando se empieza no se para, y este sitio estaba lleno de colgajos deshilachados. No saben ustedes -hasta que se paren a pensarlo- la de cosas en común que pueden llegar a tener la arquitectura, la costura, y las webs. Un abrazo desde una deliciosa tarde barcelonesa, en que los meteorólogos han vuelto a errar en su pronóstico (¿quién contrata a esos tíos en TV3?), mirando desde mi mesa hacia el SurEste, en el horizonte y en el cielo la torre del aéreo y la línea de aterrizaje de los aviones en el Prat. (Y: ¡coño, si resulta que no es tan difícil escribir a lo JJMillás!)
(Addenda: si esto fue el primer verano de H., entonces las fotos son de 2005 y no de 2006, cosa que corrijo en ambos pies de foto)
Miraconcha, hacia el Oeste (Foto de AM en el verano de 2005)
Intersticios que se le asemejan:
. Casa de los años ´60 en Barcelona: El exterior como prolongación de lo doméstico.
. Casa de principios del siglo XX en Barcelona: Yo vivo solamente de los intersticios.
. Casa de vacaciones de los años ´80 en Mallorca: Porto Petro.
. Y ...una más de los ´60 en Barcelona - junto a la otra, y llena de vegetación-: ¿Y detrás? Está la casa.
Espacio intermedio entre la casa y el exterior (Miraconcha, San Sebastián, Verano de 2005; foto AM)
Porto Petro (hacia una nueva pedagogía) 
Llego tarde a casi todo, y las tareas se acumulan: este mes de Julio de 2009 es el último plazo para que presente al DPA mi Proyecto de Tesis; si no lo hago, al parecer, pierdo derecho al plan de estudios por el que se rige mi Doctorado, y debería de empezar de nuevo los cursos docentes equivalentes a los que comencé en Madrid allá por el año... ¡1994! No sé qué sería de nosotros, doctorandos y docentes con actividad profesional, padres de familia, sin estos ultimátums (somos siempre los últimos de Filipinas) que nos obligan a intensos empujones periódicos y gracias a los cuales no abandonamos... ¡Espero que exista un nuevo (ultimatum) para acabar la siguiente fase (redacción de la Tesis) en no menos de tres años! Esto sí que es conciliación, y lo demás bromas.
En el tintero dejo una reflexión pendiente sobre el valor de una nueva pedagogía (cuestión ahora tan en boga), aprovechando el distanciamiento que me concede esta excedencia cuatrimestral (sin sueldo) de mis obligaciones docentes, para la Tesis: se lo debía a mis alumnos, a los buenos y a los malos, a los que (tengo que reconocerlo) echo de menos. Pero las obligaciones arrecian; así que en lugar del trabado y trabajoso artículo pendiente, dejo hablar por mí a un artículo con el cual es difícil no comulgar (Mariano Fernández Enguita, hablando sobre Daniel Pennac en la Revista de Libros -enlace-):
"(...) Basta un solo profesor para salvarnos de nosotros mismos y hacernos olvidar a todos los demás [profesores]. Pennac no habla de grandes pedagogos, comunicadores carismáticos ni genios en su especialidad (...), sino de profesionales que en su viviencia de alumno o su experiencia de profesor marcaron la diferencia. Al contrario de aquellos otros que ´parecía como si, año tras año, se dirigieran a un público cada vez menos digno de sus ensañanzas´ (...) nos habla de profesores que no ´soltaban la presa´, que no tenían por qué amarnos, pero nos tomaban en consideración.
(...) ´Los profesores que me salvaron -y que hicieron de mí un profesor- no estaban formados para hacerlo. No se preocupaban de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se dijeron que era urgente. Se zambulleron. no lograron atraparme. Se zambulleron, día tras día, más y más... y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente nos repescaron. Les debemos la vida.´ Hermosa reivindicación del educador frente al mero enseñante (...), del compromiso personal (que no ha de confundirse con la entrega misionera) frente a la dimisión del papel de adulto."
¿No es ésto lo que nos gustaría haber sido, en algún momento y para alguna persona, a cualquier docente con vocación y comprometido, de primero, segundo, o tercer ciclo?
Luego, las alegrias (que las hay) de este proceso doctoral: la primera, el haber obtenido el sí de un admirado profesor para dirigirla; la segunda, encontrarme durante el trabajo con ejemplos delicatessen como el que ven ustedes más abajo. Jørn Utzon, quemado por las dificultades de la construcción de Sydney a la que tuvo que renunciar a mitad de camino, decidió poner fin antes de tiempo a su brillante carrera, retirarse a Porto Petro (Mallorca), y construirse allí una casita que es todo un poema. Fíjense sino, queridos amigos, en esas ventanas abocinadas del edificio central (el de la foto) que enmarcan, dirigen y condicionan la percepción del paisaje que se tiene desde la casa.
Ah, y lo olvidaba: la tercera alegría del día es la entrega del Cervantes a Juan Marsé; Marsé te hace reconciliar con el mundo, representa lo mejor de Barcelona y de Cataluña, y sirve para recordar el valor regenerador de la verdadera literatura, que como dice Vila-Matas hoy en El talento del lector (precioso alegato, EVM) siempre estuvo ahí para sacarnos de las dificultades.
(Sigue en Proyecto de Tesis: aprobado)
Jørn Utzon, casa en Porto Petro, Mallorca. Fotografía del cuerpo central y planta del conjunto (sin escala)
Plano de distribución 
Miercoles 8 de Abril de 2009
Publicado en: Actualidad
Plano de distribución de nuestra oficina en Barcelona, antes de la Navidad de 08-09