Paramos 
(Continuación a De guardia)
Paramos por Navidad una semana, casi una semana y media.
Yo tomo vacaciones desde hoy hasta el lunes 5 de Enero; JaviB probablemente haga lo mismo, también MaríaT; BrunaP y MontseL siguen disfrutando de sus bajas maternales respectivas; CarlosC, en cambio, se queda de guardia para avanzar en el proyecto que ahora está en proceso, en el que siguen colaborando (aunque en ubicación remota) EdgarS y FerránB.
El último cuatrimestre del año (tan fecundo en cataclismos a todas las escalas) ha sido para nosotros, en cambio, el del punto de inflexión respecto a un ejercicio difícil que había comenzado en Verano07: por fin estamos redactando un proyecto de ejecución de un "Espacio público en la azotea de un edificio de vivienda" (una vieja aspiración de este estudio), y las perspectivas son al menos halagüeñas para el año que empieza en varios frentes (reactivación de obras paralizadas, novedades en trabajos de diseño urbano y también de paisaje): tarde o temprano debían comenzar a aflorar los frutos de la intensa labor comercial que hemos desarrollado durante tanto tiempo.
Mandamos un fuerte abrazo, y deseamos una buena entrada en el nuevo año, a todos los que tienen a bien pasar por aquí: compañeros arquitectos, quizás alumnos, quien sabe si clientes; una mención especial para los queridos amigos bloggers, sin los cuales este sitio no podría haber crecido hasta lo que ahora es y de forma sostenida (siguiendo el lema de esta casa -Festina Lente, apresúrate despacio-): un abrazo especialmente afectuoso para vosotros ;D
A todos, deciros que el buzón de reclamaciones/sugerencias/preguntas de la sección Contacto no se va de vacaciones, y atenderá todo lo que le queráis comentar. Auguri e in boca dil luppo.
Configuración de la 4ª planta de la Fonda Rius, en los días previos a Navidad 08.09 (Croquis: Am)
(Continuación a 4 árboles y una buganvilla)
El Prat del Llobregat, última población en el curso del río de mismo nombre antes de su desembocadura en el Mediterráneo, es un lugar con mala suerte: situado en el centro de su delta (que alguna vez debió de ser bien bello), el término municipal del Prat (más conocido por prestar el nombre al Aeropuerto de Barcelona) ha sido cosido durante años por todas las infraestructuras metropolitanas agresivas que se puedan imaginar (aeropuertos, trenes de alta velocidad, cementerios, y, ahora, desaladoras).
Sin embargo, esta mala suerte (¿o premeditado sacrificio?) puede, en algunas felices ocasiones, tornarse en buena desde el momento en que las administraciones (como si necesitaran devolver a los vecinos una imposible compensación) deciden invertir con mimo y sensibilidad en los espacios naturales que le quedan.
La franja Sur del Parque Agrario del Baix Llobregat, entre el núcleo urbano y el mar, es una buena muestra de lo que debieran ser las políticas sobre los entornos naturales periurbanos: un híbrido entre un espacio de ocio, una economía alimentaria de mediana escala y distribución metropolitana, y unos estanques que por la singularidad de su flora y fauna deben quedar preservados.
(Sigue en Devolver la naturaleza a la ciudad)
Camino agrícola; al fondo, el Hospital de Bellvitge -en blanco- y detrás Collserola (Foto AM, Otoño08)
Cuatro árboles y una buganvilla 
¿A quién sorprende lo que está pasando en España? No somos una potencia mundial en investigación, ni industrial, ni alimentaria, y somos profundamente dependientes en cuestiones energéticas. ¿Cuál es, entonces, nuestro potencial para el mundo globalizado? Lo es la cultura, pero el camino por recorrer para ganar influencia es aún largo; lo era el territorio, el singularísimo paisaje y clima... pero nos hemos dedicado, sistemáticamente y durante unos 20 años, a deteriorarlo. Teníamos el paraíso (ese concepto etéreo que entendemos tan mal sobre nosotros mismos pero los extranjeros tan bien) y hemos estado a punto de perderlo.
No es tarde, ni la situación irreversible; una parte importante del daño está hecho, pero un giro copernicano en las políticas territoriales deberá reconducir la situación. Por suerte (y es ésta la única cosa buena que ha traído) la recesión económica ha conseguido paralizar en unos meses un modelo territorial y urbano que estaba condenado a la autodestrucción; es difícil que vuelva a ser igual, ¿no es ahora entonces el momento de repensar cómo encauzarlo hacia un modelo más ortodoxo, sin por ello perder su potencial económico? Como bien recuerda siempre José Fariña, "no es viable un crecimiento infinito en un mundo donde los recursos son finitos", y el paisaje es uno de estos (recursos finitos).
Árbol 1: Naranjo (Citrus x sinensis) en Misent, Valencia
Testigos mudos de esta vorágine han sido nuestros árboles: siendo sus tiempos y ritmos la antítesis del que hemos llevado nosotros, aportan por ello un humilde testimonio en el que poder anclarnos para un nuevo punto de partida. He aquí la historia de cuatro de ellos.
“(...) en ese tramo en que la carretera se levanta sobre los campos y, a través de la ventanilla, se contempla toda la llanura que se extiende entre las montañas, de perfil violento, y el mar; al ver los huertos abandonados, los naranjos con las ramas secas y retorcidas como las cabelleras de esos cadaveres desenterrados que aparecen en los libros de historia contemporánea, momias de monja que los anarquistas exhumaron en los asaltos a los conventos durante la revolución española, sólo algunas hojas amarillentas pegadas a las ramas; los huertos baldíos, los troncos de los frutales cortados y amontonados para quemas, las acequias secas, en las que en vez de correr el agua corren plásticos y papeles llevados de acá para allá por el viento de poniente, escombreras, sacos de cemento seco, somieres agujereados, colchones sucios, tazas de retrete rotas, lavabos hendidos; vertidos que, en las noticias de los periódicos, se definen como incontrolados en los alrededores de una ciudad que crece como una constelación de tumores, metástasis que se multiplican, que engordan hasta juntarse unas con otras y formar ramificaciones que ocupan decenas de kilómetros; mitomas, arborescencias nerviosas, esperándose, compactándose cada vez más (...)".
Así relata el destino de la huerta valenciana Rafael Chirbes, en su novela Crematorio (Anagrama, Barcelona 2007) (P. 94, los subrayados son míos).
El narrador de Crematorio es un arquitecto, pero no de los que salen vestidos de negro en El País Semanal, sino de los que bebieron mientras pudieron de la gallina de oro de la destrucción del litoral. En un giro casi irónico, Chirbes pone en boca de este promotor-arquitecto sin demasiados escrúpulos el lamento por la pérdida de esa arcadia, ese regalo de los dioses, esa banda de tierra privilegiada donde él ubica el figurado Misent, un lugar que no es difícil identificar como el llano que va de Beniarbeig (donde vive el autor) hasta Denia, en la Marina Alta de Alicante. Una tierra que...
“(...) te permite mentirte a ti mismo (...), aún me da trocitos de paraíso (...) cuando estoy en el mar, cuando estoy bajo la pérgola, o cuando, durante la vendimia, huelo ese aroma meloso del moscatel; me los da ahora, que acabo de darme un paseo por todos estos naranjos en flor, el olor que te embriaga, que te marea, y la luz dorándolo todo, y el cielo limpio con que nos obsequian las tardes de invierno aquí, a orillas del Mediterráneo, en el paralelo perfecto, la luz de aquí no es ni la luz de fotografía quemada que encuentras al sur, luz más bien africana; ni esa excesivamente fría, europea, que hay del Ebro para arriba (...) No lo busques fuera: el paraíso lo tienes aquí (...)” (Crematorio, p. 220).
La historia de este Naranjo te puede conducir también a otros sitios:
. Crematorio, de Rafael Chirbes (post-reseña en el Blog de Enrique Ortiz)
. Tipología Vs. tecnología (línea de investigación del Estudio)
. Paisaje rural y paisaje cultural (post del blog de José Fariña)
Árbol 2: Azufaifo (Zizyphus) en San Gervasio, Barcelona
Terminé de leer hace unos días La plaza del azufaifo, libro de la escritora y vecina de San Gervasio (Barcelona) Isabel Núñez (IN). La plaza... recoge extractos del blog de Isabel que relatan la lucha (que ella inició) de un grupo de vecinos por salvar de las excavadoras un ejemplar de Azufaifo, árbol singular y originario de la china, siendo éste al parecer (el de la calle Arimón 7) un ejemplar único en nuestro país.
El caso tuvo amplia repercusión mediática en Barcelona hace algo más de un año, y el movimiento vecinal causó una presión tal al Ayuntamiento que finalmente decidió hacer una permuta a los promotores dueños del solar donde se ubicaba el árbol para en él conservar un espacio público dedicado a tan especial árbol.
La historia del Azufaifo de San Gervasio es relevante por dos cuestiones: la primera, porque muestra el hastío de los vecinos sobre la destrucción sistemática (a favor de los intereses corporativos privados) de los ecosistemas (naturales y sociológicos) de barrio (naturales y sociales); eso tan singular de esta ciudad, y una de las razones por las cuales (al parecer) vienen a visitarnos los foráneos.
La segunda, porque muestra abiertamente la paradoja sobre a quién pertenece realmente el patrimonio verde que se ubica en suelo privado. Está claro que legalmente... a su dueño, pero ¿y emocionalmente? ¿y ambientalmente? ¿no pertenece también a los vecinos? Como bien observa Oriol Bohigas en una reseña que aporta IN en el libro, su destrucción es fruto de una normativa anticuada e ignorante que sólo tiene en cuenta a la calle, su cono de luz y necesidades de ventilación... ¿Y detrás? Detrás, en el patio de manzana, todo vale, desde las talas indiscriminadas a las nuevas soluciones de solados que son siempre (y no falla) impermeables al 100%.
Sin embargo, era este detrás, formado siempre de una conjunción de pequeños jardines privados, el patrimonio ambiental realmente singular de esta ciudad: una ciudad donde (como explica Isabel: porque estamos en el mediterráneo) los árboles de la vía pública nunca consiguieron (ni conseguirán) el porte ni el frescor de los de las grandes ciudades europeas, pero con estos patios donde crecían, en una cierta confusión algo habanera, unas especies semi-tropicales... Patios de vecindario que constituían hasta hace muy poco el refugio de la agresión de la calle.
La historia del azufaifo puedes seguirla en:
. La plaza del azufaifo (ficha del libro en la Editorial Melusina)
. Crucigrama (El blog de Isabel Núñez)
. Miss Guisante (Flickr de Jùlia Solans)
Árbol 3: Acacia de flor blanca (Robinia pseudoacacia) en Daoiz y Velarde, Madrid
"No todos los arquitectos somos arboricidas": es difícil convencer de esto a la gente (lo intenté con IN, pero creo que no lo logré); pero es cierto, y no sólo no los odiamos, sino que los adoramos... y los consideramos además como muy valiosas herramientas de proyecto.
En nuestro equipo, al menos, tenemos la conciencia tranquila: a ello nos ayuda la plantación que hicimos de 134 ejemplares maduros de Acacia de flor blanca en Daoiz y Velarde (Madrid), y el posterior y sostenido éxito de este espacio entre los vecinos en todas las estaciones del año (¿qué mejor premio cabe imaginar que esto?).
Viene la historia de esta singular pseudoacacia a colación a raíz de otra polémica barcelonesa sobre el verde, esta vez absolutamente reciente: el desencanto de los ciudadanos tras la apertura de la urbanización de superficie de la eternamente malograda plaza de Lesseps. Y ¡eso que el proyecto fue pactado con ellos en un largo proceso participativo!
No dudo de la demostrada capacidad de Albert Viaplana de crear espacios urbanos sugerentes, y bellos objetos escultóricos; en cambio, nunca entendí bien la línea de las plazas duras que él inauguró hace tiempo delante de la estación de Sants, y estoy en abierto desacuerdo con su afirmación sobre que el verde debe esperar: la hacía hace unos días, y a raíz de esta polémica, en una entrevista a la prensa, donde remitía a los vecinos a tener paciencia y esperar a que los árboles crecieran... que estaría la cosa en condiciones... ¡dentro de 10 años! Pobres, alguno de ellos contestaban (con razón) que entre los 20 años que lleva el lugar en obras y esos 10 adicionales, no le daría la edad para disfrutar de un espacio urbano en condiciones bajo su balcón.
Pero no: el verde NO debe esperar, porque se pueden diseñar y construir espacios libres arbolados que sean frondosos y se puedan disfrutar desde el momento de su inauguración; como aquella de la normativa de gálibo que sólo se fijaba en la calle, esta teoría (tan nuestra) no sólo no es cierta, sino que existen desde hace mucho tiempo las soluciones (en los viveros, en los sistemas de drenaje e impermeabilización, etc.) para evitar que haya que esperar a que el verde crezca.
Evidentemente, los árboles (más aún si están contentos) van creciendo, y el espacio mejorando: por ello las fotos de Daoiz colgadas en nuestra web no hacer del todo justicia a lo que es ese lugar ahora, aunque sí muestran el porte que lucieron tras su plantación. Conseguirlo (está claro) no es ni barato ni fácil, tampoco exento de sobresaltos de todo tipo: las 134 Acacias de flor blanca lograron sobrevivir a un viaje de 2.000 km. desde Holanda, a un acopio de varios meses al aire libre entrando en una primavera madrileña inusualmente prematura, a nuestra inseguridad e inexperiencia en muchas cosas, y también al peor atentado de la historia de España que ocurrió justo delante de ellas, cuando los parterres sobre los que estaban a punto de ser plantadas se convirtieron de improviso en un inmenso hospital de campaña; lograron también zafarse de la inoportuna carga simbólica que algún político municipal pretendía adjudicarles como "bosque del silencio" (o de los recuerdos): por suerte (para ellas) su número (134) resultó estar bien lejos de la tremenda cifra total de víctimas del atentado.
Las acacias de flor blanca pueden llevarte a que te interese también esto:
. El verde llegará (entrevista a Albert Viaplana en El País, Edición Cataluña).
. Espacios libres de Daoiz y Velarde (Ficha de la obra en la web)
. Restauración de los pasillos intersticiales como paseos arbolados (Foto de las acacias de flor blanca poco después de su plantación)
. Jardín sobre un garaje en un patio de manzana (otra obra con árboles)
Árbol 4: Árbol del amor (Cercis siliquastrum) en San Gervasio, Barcelona
Un alumno comentaba el otro día que, en el diseño de su barrio residencial, "apartaba el colegio a una esquina y colocaba una pantalla acústica a su alrededor para que no supusiera un foco de contaminación acústica para los vecinos"; su preocupación era razonable, pero... que todos los problemas de ruido en la ciudad sean como los que provocan los colegios en las horas de patio.
En el patio del colegio, bajo la ventana de casa, crece un hermoso Árbol del amor. Les da sombra a sus juegos en los meses de calor, lo ven desde las aulas, también lo vemos florecer (es de los primeros que lo hacen en primavera, tras los almendros) cada año desde el balcón. Sí, es propiedad privada y ajena, pero ¿no es un poco también de todos los que estamos alrededor? ¿No lo es también el monumental ejemplar de plátano que le precede y que crece feliz, cubriendo ya con su bóveda la calle, gracias al generoso patio con suelo permeable de un edificio municipal? ¿Qué sería de este rincón privilegiado del barrio si alguien (algún día) talara alguno de estos dos hermosos ejemplares?
Deseamos que la nueva ciudad (y en ello insistimos siempre todos los profesores en los talleres de Urbanismo) tenga el grado de compacidad y la vida de los barrios "de toda la vida" que nos gustan: pretendemos re-definir un nuevo índice de densidad, un tejido compacto y esponjado a la vez... En este propósito son precisamente estos pequeños oasis exóticos que forman los jardines interiores los que permiten cumplir con una necesaria re-naturalización de la ciudad.
El Árbol del amor (junto otras ventajas que aporta la vegetación ajena como prolongación exterior de la casa) lo puedes ver aquí:
. Primavera en San Gervasio (2) (post en el blog)
. ¿Y detrás? Está la casa... (post en el blog)
... Y la buganvilla
Al comienzo de un verano, la pequeña torre entre medianeras que cerraba el patio de manzana por su lado norte vivió un acontecimiento singular: una macro-fiesta-destroy, de una escala desconocida respecto a las anteriores a que nos tenían acostumbrados sus inquilinos Erasmus.
Este hecho simpático y aparentemente inocuo fue el prólogo de algo mucho más grave que vendría poco después: el edificio en cuestión debió de tener la mala suerte de no llegar a ser catalogado (y debió de ser por los pelos, pues era un edificio delicioso) como patrimonio modernista a conservar; una mañana aparecieron unos tipos robustos que empezaron a demoler, con la misma saña que sistematismo, el pequeño chalet de dos plantas.
Tras él cayó enseguida su minúsculo jardín, con sus árboles y arbustos de especies para mí hasta entonces desconocidas, y también la hermosa buganvilla que florecía en primavera y cubría toda su fachada sur, dando a nuestras habitaciones norte un reflejo especular y no directo del paso de las estaciones.
Al edificio le sustituye hoy una vulgar construcción de ladrillo visto veteado, que apura, con sus cinco plantas, la altura edificable que debía permitir la ya de por sí estrecha calle; al patio, la losa de la cubierta del garaje, revestida con un gres sintético e impermeable... sobre ella se acumula material y maquinaria de obras que se va pudriendo con la lluvia y el frío: hace un año, la obra se paró una mañana y todo se quedó allí congelado, a medio hacer, sin que nadie haya vuelto a aparecer. Todo apunta a que se trata de una más entre las múltiples suspensiones de pagos del sector: vaya, son los riesgos que comporta el haber querido alimentarse sine die de lo que resultó ser una ficción.
¿Desde dónde se veía la buganvilla? Desde aquí:
. Yo vivo solamente de los intersticios (post del blog)
(La ilustración es la portada del libro: Vicat Cole, Rex. "The artistic anatomy of trees". Dover Publications, NY 1965)
(Sigue en Parques agrarios metropolitanos)
Vicat, Rex: "The artistic anatomy of trees" (portada)
Ver trabajar a Gorka Lejarcegi 
Lo poco que sé de fotografía lo aprendí en 15 minutos, una mañana de febrero al ver trabajar a Gorka Lejarcegi. De nada sirvieron todas las lecciones y consejos que me dieron desde pequeño sobre "diafragma y profundidades de campo" mis padres o amigos: son conceptos que aún sigo sin comprender. La verdad es que miento, pues no es todo sino casi todo (lo que aprendí con él), porque un poco de reconocimiento le debo a mi querida Nikon D70, que hace tan bien su trabajo aunque yo entienda tan poco de su funcionamiento.
El azar me llevó a conocer a Gorka (fotógrafo de plantilla del diario El País) con ocasión de una entrevista que él mismo (el azar) quiso que realizara (yo) a Richard Rogers en 2001 (leer). La cita era a las 11:00, en el portal de una finca regia de la calle Ayala (o Hermosilla) de Madrid, con "un fotógrafo que te mandará el periódico". Cuál fue mi sorpresa al oir, cuando (adusto) se presentó, que era "Gorka", ¿"pero Gorka Lejar..."? pregunté yo sin saber acabar ese apellido impronunciable, "sí, ése".
En ese cuarto de hora, pidió a Rogers que se colocara en diferentes esquinas de aquel piso franco (que el equipo tenía en Madrid para la obra de Barajas); que cogiera un sombrero, que mirara para aquí y para allá... Toda una puesta en escena digna de director de teatro y a la cual RR accedió entre gustoso y desconcertado; hecho el retrato, cogió sus trastos y se marchó por donde vino hacia su siguiente encargo.
Desde aquel día sigo su trabajo con más interés aún; a destacar, de los que recientemente ha publicado, un retrato que ilustraba el artículo Gutiérrez Aragón dice adiós al cine: el (ex-)director, frente a un espejo, levanta la vista -¿en busca de una respuesta?- hacia un extraño lucernario, del que no se entiende muy bien si sale luz natural o artificial. Toda una joya escénica, cromática y de luz, digna de la mejor composición velazqueña; y con toda probabilidad, también improvisada, tras efectuar su singular y veloz rastreo de la escena de la entrevista, tratando de detectar en ella los elementos o rincones que puedan hablar del entrevistado casi más que su propia cara.
Fotografía de Gorka Lejarcegi ilustrando Corazones que laten después de muertos (El País, hoy 7.11.08)
La otra cara del Montseny 
Miercoles 29 de Octubre de 2008
Publicado en:
(Continuación a Montseny)
(A medio kilómetro del Turó de l´Homme -cima del Montseny- y mirando hacia el Este; abajo a la derecha -en el valle- Sant Celoni; en el eje de la foto, tras la montaña, Blanes -patria de Bolaño- y después el mar).
Otras visiones poliédricas: las caras: a) de Berna; b) de La calle perfecta.... las otras caras: a) La otra cara de Berna; b) La otra cara de La calle perfecta... y las 4 caras: las de un cruce de caminos en Castilla SW-NE.
Sobre RB, también te puede interesar:
. Bolaño y la extraterritorialidad (RB y Blanes)
. Bolaño, un mito en construcción (artículo en El País de hoy)
A 500 m. del Turó de l´Homme (cima del Montseny), mirando hacia el Este (foto AM, 25.10.08)
Un jardín en la cubierta 
Miercoles 22 de Octubre de 2008
Publicado en:
Los clientes suelen mostrarse muy reticentes cuando se les propone cualquier tipo de plantación vegetal sobre una cubierta, ya sea la azotea de un edificio o la cubierta de un estacionamiento. Las dudas que les asaltan son de dos tipos: ¿es ésto seguro de cara a las patologías, o me cubrirán de demandas cuando empiecen las goteras? ... y ... ¿no me supondrá esta solución un sobrecoste de mantenimiento por el consumo de agua?
A la primera pregunta cabe aclarar que la solución vegetal (ya sea con grandes recubrimientos -para árboles- o con pequeños -para herbáceas-) no es especialmente más peligrosa que cualquier otro sistema de acabado de cubierta plana: el peligro viene precisamente de esto (de la geometría plana de la cubierta) y no de si encima lleva tierra o no; además, muchas casas llevan tiempo ofreciendo soluciones "llave en mano" que incluyen la ejecución de todos los elementos (incluidos los más sensibles, que son impermeabilización y drenaje) y que garantizan por períodos no inferiores a los 10 años.
A la segunda pregunta, sólo explicar que la mayoría de los sistemas tienen consumos mínimos de agua por el riego por goteo, y algunos de ellos no precisan consumo ninguno pues están pensados para almacenar el agua de lluvia.
La solución constructiva (eso sí) tiene que ser muy cuidada, y más aún la supervisión de su ejecución: pero de eso nos encargamos nosotros. En el Jardín sobre un garage en un patio de manzana la obra acabó hacé casi 15 años y no ha habido reclamación alguna por parte de ningún propietario de las plazas de aparcamiento (que son muchos); la plantación de árboles maduros sobre la cubierta de un estacionamiento municipal (más reciente) en Daoiz y Velarde no ha causado problemas hasta la fecha, y ha servido para aprovechar como espacio público un lugar (la losa de un aparcamiento) que se suelen considerar aún en muchas ocasiones como "peligroso de ajardinar".
También te puede interesar:
. Habitar la Cubierta (libro)
. La cubierta como lugar habitable (línea de investigación)
. Grandes almacenes Metz&Co (post en el blog de E. Almalé)
Detalle del sistema de plantación y drenaje de la cubierta sobre aparcamiento en Daoiz (sin escala)
El espacio público en el Ensanche 
Lunes 6 de Octubre de 2008
Publicado en:
Se equivoca el Ayuntamiento de Barcelona "recuperando" los patios de manzana del Ensanche como plazas o jardines públicos; ni es ésa su función, ni la proporción ni el asoleo son los ideales para ese uso. Es cierto que Cerdà preveía dedicar una gran parte y/o porción de estas manzanas a espacios públicos urbanos, pero llegados al punto (un siglo y medio más tarde) en que se han apurado al máximo los metros lineales de alineación edificable, esta "reversión" resulta absurda y anti-natural.
Las perversiones del modelo incial son muchas; el tráfico, demasiado intenso, los excesos en edificabilidad, incontables. No obstante, el Ensanche de Cerdà pasa por ser, como bien explica Manuel de Solà-Morales, la mayor área urbana planificada de Europa, con muchos más éxitos que fracasos, porque... "(...) ninguna ley ha sido tan obedecida, ninguna norma justa, desde 1859, tan intacta, tan reconocida y tan exacta (a pesar de todo) como las líneas maestras de aquel sabio dibujo que, desde 1859, señalan las calles y casas del área central de Cataluña" (M. de Solà-Morales, en la P. 309 de Diez lecciones sobre Barcelona).
Sus cualidades ambientales son importantes, y las virtudes de su espacio público nada desdeñables: "(...) tiene árboles, unos 30.000, y 250 kilometros de aceras anchas de cinco metros de anchura: cerca de 10.000 solares, en unas 600 manzanas de casas (y, por lo tanto, más de 2.000 chaflanes)" (p. 299 del mismo libro).
De todos los espacios abiertos resultantes encuentro que el más interesante en su modelo evolucionado (el ensanche que conocemos hoy) es el patio de manzana. Lo explica otra vez muy bien MS-M, al describirlos como... "(...) grandes patios interiores, extensos como plazas, donde la intimidad doméstica se combina con una sensación de compañía vecinal, discreta y distante. Y tiene un microclima envidiable. (...) Es rectilíneo -el Ensanche-, sin ser nunca monótono; característico, sin dejar de ser nunca cosmopolita; público y privado, como espacio sin solución de continuidad" (p. 299).
Aunque muy cascados en su mayoría, estos patios vecinales guardan no obstante un encanto y un ambiente deliciosos aún hoy, enseñando, aunque sin exhibicionismo, la tripa doméstica de la ciudad; aunque quizás no por mucho tiempo, porque como bien denunciaba hace unos meses Xavier Monteys en el suplemento cultural de El País para Cataluña, el turismo voraz también estaba empezando a profanar (a través de los nuevos hoteles, sus azoteas y plantas principales), este último reducto doméstico de los barceloneses.
Sí es cierto que el Ensanche que conocemos adolece de un déficit (crítico y crónico) de espacio público pero... el lugar para recuperarlo no es el patio de manzana sino su negativo, que es la desaprovechada plaza entre chaflanes. También es verdad que Cerdà diseño estos chaflanes aduciendo razones de funcionalidad en el tráfico... aunque dudo mucho que fuera ajeno al hecho de que 4 chaflanes formaban una plaza urbana, de directriz oblicua, de bella proporción casi renacentista, de excelente orientación respecto al sol y al viento.
Los éxitos demostrables de este modelo (plazas públicas en chaflanes, itinerarios peatonales rectos y pacificados) existen: desde la Calle Enrique Granados (y su confluencia con Diagonal), hasta la Plaza Letamendi, o la reducción del radio de giro en los chaflanes de la C/ Parlament con Ronda de St. Pau; sin olvidar el excelente ejemplo de la Rambla de Cataluña, que permite recorrer el Ensanche entero de Norte a Sur y sin interrupción.
Hoy en día ni los chaflanes los necesitamos para girar, ni debemos regalárselo a las furgonetas para descargar: sí, en cambio, serían muy de agradecer pequeños triángulos de verdor, o (¿porqué no?) un jardín-rotonda en el centro de esa plaza-chaflán, y los coches girando a su alrededor. Todo ello (claro está) requiere de una política mucho más restrictiva en el conjunto de Barcelona hacia el vehículo privado, al que se debe poner coto como hizo en Londres el alcalde Livingstone: poniendo peajes de pago en los accesos a la parte central de la ciudad.
Un cruce de calles por fin aprovechado: zona verde en Enrique Granados cv/ París (Foto AM, otoño 08)
Bolaño y la extraterritorialidad 
Lunes 22 de Septiembre de 2008
Publicado en:
(Continuación a Entre lo uno y lo diverso)
Opening
(Pelletier y Espinoza, criticos literarios -parisino y madrileño, respectivamente-, comparten, entre muchas otras cosas, el amor por Liz Norton, también crítica literaria -londinense-):
“(...) La primera conversación telefónica, la que hizo Pelletier, empezó de manera difícil, aunque Espinoza esperaba esa llamada, como si a ambos les costara decirse lo que tarde o temprano iban a decirse. Los veinte minutos iniciales tuvieron un tono trágico en donde la palabra destino se empleó diez veces y la palabra amistad veinticuatro. El nombre de Liz Norton se pronunció cincuenta veces, nueve de ellas en vano. La palabra París se dijo en siete ocasiones. Madrid, en ocho. La palabra amor se pronunció dos veces, una cada uno. La palabra horror se pronunció en seis ocasiones y la palabra felicidad en una (la empleó Espinoza). La palabra resolución se dijo en doce ocasiones. La palabra solipsismo en siete. La palabra eufemismo en diez. La palabra categoría, en singular y en plural, en nueve. La palabra estructuralismo en una (Pelletier). El término literatura norteamericana en tres. Las palabras cena y cenamos y desayuno y sándwich en diecinueve. La palabra ojos y manos y cabellera en catorce. Después la conversación se hizo más fluida. Pelletier le contó un chiste en alemán a Espinoza y éste se rió. Espinoza le contó un chiste en alemán a Pelletier y éste también se rió. De hecho, ambos se reían envueltos en las ondas o lo que fuera que unía sus voces y sus oídos a través de los campos oscuros y del viento y de las nieves pirenaicas y ríos y carreteras solitarias y los respectivos e interminables suburbios que rodean París y Madrid (...)”.
RB en 2666. En Pp. 61-62 (La parte de los críticos). Edición de Anagrama, Barcelona 2004.
Body¿Porqué nos gusta tanto Roberto Bolaño (RB)? O, para ser más preciso, ¿porqué gusta tanto RB en la blogosfera? En mi caso, lo tengo muy claro: a Bolaño lo descubrí (y lo cultivo y comparto) en la blogosfera, y ya sólo este hecho es razón suficiente para quedar para siempre agradecido a este medio difuso, seductor y mutante. En el DVD que acompaña al excelente libro recopilatorio sobre RB Bolaño salvaje, Rodrigo Fresán se pregunta “qué hubiera pensado Bolaño de cómo le está tratando la posteridad” tras su prematura muerte a los ’50 años. Sin duda, muchos hubieran querido recoger en toda su trayectoria post-mortem los elogios unánimes que ha obtenido RB en los sólo 5 años que llevamos sin él; Fresán se alivia razonando que gran parte de la fama y el mito sobre Bolaño está cimentado en su obra, mucho más que en su persona.
A los profanos en RB les recomiendo (como hemos hecho tantos en paralelo) una entrada a su universo por Los detectives salvajes, para quizás continuar por 2666; a los más curiosos, el citado Bolaño salvaje (graciasss Elena); a los obsesos, que lean con mucho cuidado, dentro de este último volumen, el capítulo Bolaño extraterritorial que escribe Ignacio Echevarría (IG).
Echevarría es un crítico literario, como los protagonistas iniciales de 2666, inusual: amigo personal del autor, Bolaño le nombró, ante la inminencia de su muerte, el albacea que habría de gestionar su legado literario, y muy en particular editor de la que habría de ser su obra póstuma (2666); por otro lado, Echevarría también acabó tarifando con el diario El País, que pretendió censurar descaradamente su independencia. Ambas cuestiones (estaréis de acuerdo) merecen ya de por sí que el personaje merezca la pena.
A Echevarría Bolaño le pega un buen repaso en un capítulo intermedio de Los detectives... en el que el poeta Belano le reta a un duelo al crítico literiario Iñaki Echevarne en una playa del Maresme de Barcelona. Hilando fino, creo haber descubierto que esta playa en cuestión es la de Sant Pol de Mar, a la que suelo ir en verano con los niños; porque esta es una de las constantes que en mi caso explican el magnetismo de la obra de RB: que no sólo es una permanente confusión, ir y venir, entre la realidad del autor y la ficción de los protagonistas, sino que también lo es (¡ah!) entre dicha ficción y... ¡la realidad del lector! No sé si me explico bien: en la playa de Sant Pol, en el Café Salambó de Gràcia, en las cuevas de Port-Vendres, uno siente constantes escalofríos al descubrir que lo que está leyendo está peligrosamente asociado con lo que, en uno u otro momento, está viviendo. Por lo que he podido comprobar, y lejos de las coincidencias más o menos fortuitas, no soy el único al que le ocurre tal cosa, y para mí (créedme) ésta es una dimensión de la lectura que hasta la fecha era por completo desconocida: que lo que estamos leyendo se confunda con lo que estamos viviendo... ¡hasta ahí podíamos llegar! Tal fue la impresión, que en una temporada tuve que apartar al autor de mi mesilla, y alternarlo con otros, para desbolañizarme.
Pero ¿a dónde pertenece Bolaño? Unos dicen que es el paradigma de lo latinoamericano, otros que un apátrida feroz, otros (Fresán, más en particular) que era un avanzado a lo que suponía (y que ahora empieza a ser más fácil de entender) una pertenencia global, digamos completa y mundial. Algo parecido a esa peli tan pretenciosa de Iñárritu que se llamaba Babel, o esa cosa tan cursi que decían los progres de hace algunos años de “yo soy ciudadano del mundo”.
Muy oportunamente llama Echevarría a esta no-pertenencia (y tomando un término de Steiner) la extraterritorialidad, y pone así a Bolaño en la estela de otros escritores de raíces o vidas nómadas, como Beckett, Borges o Nabokov (respecto a este autor, ver Nabokov en el Jarama) en que (y cita a Steiner) “(...) la emergencia de escritores ligüísticamente nómadas o multilingües, en los que la tradicional ecuación entre un eje lingüístico único -un arraigo profundo a la tierra natal- y la autoridad poética es puesta en tela de juicio (...)”.
¿Qué pintaba Bolaño en Blanes (Costa Brava, Girona, Cataluña, España)? Con todos mis respetos, ¿cómo es posible que escribiera una serie de novelas de escala tan cósmica desde esta encantadora población de la Costa Brava? Explica en el video su viuda que “Roberto si se sentía algo, era latinoamericano”. Pero ¿qué es latinoamericano sino una no-pertenencia? O, al menos, una pertenencia difusa, abstracta, conceptual, como puede ser el que un ciudadano de la UE diga “sentirse europeo”. Pienso, no obstante, que (en este sentido también) Bolaño era un iluminado; y me explico: dudo mucho que hubiera podido escribir esa triada de obras maestras desde algún lugar menos ajeno que Blanes. Así, y dentro de ese exilio interior y voluntario, Blanes (en particular, y Cataluña en general) era una no-pertenencia idónea que le permitía crear el caldo de cultivo perfecto -anclado en una rutina óptima personal y familiar- para recuperar viviencias y lecturas y fundirlas en el universo coral de Los detectives... ó 2666.
Como no hay buen contenido sin buen método, Bolaño manejó magistralmente un estilo que (como bien explica Echevarría) es de estructura fractal: es decir, esa propiedad que hace que “(...) ciertas figuras espaciales compuestas por una multitud de elementos preserven el mismo aspecto, cualquiera que sea la escala en que se observen (...)”. Mi opinión es que no hay manera de manejar lo primero (una pertenencia extraterritorial) sin un instrumento sofisticado y preciso (la escritura fractal): lejos de lo que opina Vila-Matas (lo siento), estoy en desacuerdo con que RB pretenda un ejercicio de estilo, exento de contenido inteligible, que dinamite la estructura tradicional de la novela. Más que un ¡muera la trama, viva el estilo! (que parece pregonar E.V-M) sería un “déjenme, que esto (lo de siempre, la vida y sus misterios) lo desmonto y lo vuelvo a montar con un orden que ustedes no se hubieran atrevido a imaginar jamás”. Sino, propongo una lectura atenta de los párrafos que abren y cierran este post: si eso no es contener el todo y el detalle a la vez (entre lo uno y lo diverso), que venga Dios y lo... lea.
Closure
(Amalfitano, profesor universitario -chileno-, con residencia en Barcelona pero autodesterrado en Santa Teresa -desierto de Sonora, México- se pregunta por cómo llegó hasta allí en su propio equipaje un manual de geometría que no recordaba haber visto antes):
“(...) Amalfitano tenía unas ideas un tanto peculiares al respecto. No las tenía siempre, por lo que tal vez sea excesivo llamarlas ideas. Eran sensaciones. Ideas-juego. Como si se aproximara a una ventana y se forzara a ver un paisaje extraterrestre. Creía (o le gustaba creer que creía) que cuando uno está en Barcelona aquellos que están y son en Buenos Aires o el DF no existen. La diferencia horaria era sólo una máscara de la desaparición. Así, si uno viajaba de improviso a ciudades que en teoría no deberían existir o aún no poseían el tiempo apropiado para ponerse en pie y ensamblarse correctamente, se producía el fenómeno conocido como jet-lag. No por tu cansancio sino por el cansancio de aquellos que en aquel momento, si tú no hubieras viajado, deberían de estar dormidos. Algo parecido a eso, probablemente, lo había leído en alguna novela o en algún cuento de ciencia ficción y lo había olvidado.
Estas ideas o estas sensaciones o estos desvaríos, por otra parte, tenían su lado satisfactorio. Convertía el dolor de los otros en la memoria de uno. Convertía el dolor, que es largo y natural y siempre vence, en memoria particular, que es humana y breve y siempre se escabulle. Convertía un relato bárbaro de injusticias y abusos, un ulular incoherente sin principio ni fin, en una historia bien estructurada en donde siempre cabía la posibilidad de suicidarse. Convertía la fuga en libertad, incluso si la libertad sólo servía para seguir huyendo. Convertía el caos en orden, aunque fuera al precio de lo que comúnmente se conoce como cordura (...)”.
RB en 2666. En Pp. 243-244 (La parte de Amalfitano). Misma edición.
(Sigue en Viajar)
Bolaño y Sebald (dos de las tres patas del trípode) codo con codo (Foto AM, Otoño 08)
Castilla, SW-NE 
Lunes 15 de Septiembre de 2008
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(Continuación a Barcelona, y Madrid, y viceversa...)
Si tuviera que elegir mi paisaje por excelencia (y ya empiezan a ser muchos los preferidos) este sería el de la meseta norte castellana; quizás por el recuerdo infantil de los interminables viajes a Galicia desde Madrid en un Seat 1430... No sé.
Hacía tiempo que no los recorría, pues desde Cataluña quedan lejos y fuera de cualquier circuito habitual. El mismo proyecto que me llevó a Copenhague (ver Aftenåbent) me trajo el pasado viernes a Burgos. A la vuelta, con más tiempo del previsto, decidí volver a Madrid atravesando Castilla en diagonal y por carreteras secundarias.
Entre Peñafiel (Valladolid) y Cuéllar (Segovia), la carretera va perfectamente paralela al Guadarrama durante un buen rato; sólo así se entiende que esta cordillera (el querido Guadarrama -ver Montseny-) tiene la dirección SurOeste-NorEste, y no ese eje E-O que, simplificando, le solemos otorgar.
(Sigue en Mediterráneo, entre 45 y 57.5º Este)
Castilla: cruce de caminos, en algún lugar entre Peñafiel y Cuéllar (Foto y montaje: AM, Sept08)
Pienza 
Jueves 4 de Septiembre de 2008
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El sorprendente debate generado en torno a La otra cara de la calle perfecta (una de estas cosas inesperadas, espontáneas y frescas que hacen que esto de la blogosfera merezca la pena) me lleva a buscar las fuentes originales (como siempre nos recomendaba el profesor Barbeito) cuyo vago recuerdo fue el que generó mi primera reflexión al respecto hace un año, un post que luego provocaría el primer debate en el blog de Enrique Ortiz.
Y las encuentro en el capítulo "Hacia la ciudad ideal" del manual de Leonardo Benévolo "Historia de la arquitectura del Renacimiento"; elogiando su acercamiento transversal y humanístico al análisis y diseño de la ciudad, dice Benévolo de L.B. Alberti que... (todos los subrayados son míos)
"(...) Su concepto restrictivo de la composición arquitectonica introduce un real y verdadero salto metodológico entre el planeamiento de cada una de las obras públicas y el planeamiento de conjuntos urbanos (...) Por otra parte, el interés de Alberti por la mediación sistemática entre lo antiguo y lo moderno refuerza la idea de que los métodos arrumbados de la experiencia medieval sean todavía válidos para el desarrollo de la ciudad. Las nuevas arquitecturas vienen a ser a la ciudad lo que los ornamentos arquitectónicos a los organismos de construcción de los edificios, y se pueden considerar como los ornamentos adecuados a la escala de los organismos urbanisticos." (Nota 1)
Sobre si en una ciudad pequeña "conviene que la calle sea tortuosa antes de llegar a la puerta de entrada y que también en el interior mantenga su misma línea ondulada", Benévolo aporta una preciosa fotografía de la calle principal de Pienza y cita literalmente a Alberti según sigue:
"(...) De esta manera, además de parecer más larga, dará la impresión de mayor tamaño; esto favorece ciertamente su belleza y comodidad, y facilita el oportuno acceso a los templos. Pero no lo será lo suficiente como para que los viandantes descubran a cada paso nuevas alineaciones de edificios.
(...) Escribe Cornelio que la ciudad de Roma, al ensancharle sus calles Nerón, se hizo mucho más calurosa y dejó de ser saludable; en otros lugares donde las calles son estrechas, el aire es más fresco y en el verano siempre tienen sombra.
(...) Por otra parte en ninguna casa debe de dejar de entrar el sol a alguna hora del día; ni faltar nunca un agradable vientecillo que, sea cualquiera la dirección en que se mueva, no encuentre camino libre y expedito por donde pasar. Por la misma razón, tampoco se padecerán vientos molestos (...) Añádase a esto que si penetrasen enemigos por ella, serían aniquilados, atacados no sólo por el frente, sino por los lados y por la espalda. (Nota 2)
Nota 1. Benevolo, Leonardo: "Historia de la arquitectura del Renacimiento". Gustavo Gili, Barcelona 1981. Tomo I. Pp. 192-197.
Nota 2. Alberti, L.B.: "Della architettura", traducción de Cosimo Bartoli, Venecia 1965. P. 112.
Nota 3. Esta fotografía está directamente escaneada de la página 190 de la edición citada del libro de Benévolo, sin que aparezca en él mención alguna al autor de la imagen.
(Sigue en Porqué nos sigue gustando La Rambla)
Pienza (Toscana): calle estrecha, curva, y en ligero descenso (Nota 3)
La otra cara de la calle perfecta 
Martes 26 de Agosto de 2008
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(Continuación a La calle perfecta y La otra cara)
(Sigue en Pienza)
La calle perfecta, un año después, tras una tormenta de verano (foto Am, verano 08)
De guardia 
Viernes 25 de Julio de 2008
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Queridos amigos bloggers, visitantes habituales, o los que paséis por aquí de forma menos habitual, o quizás azarosa: este sábado este estudio de arquitectura comienza sus (muy merecidas) vacaciones; después de un curso 07.08 especialmente riguroso para todo el sector (para qué engañarnos: todos hemos notado en algo la Crisis) y antes de un otoño 08 muy prometedor, hemos pensado que unas vacaciones en condiciones eran necesarias y beneficiosas.
Durante esta temporada estival es esta página la que se queda de guardia (que para eso se pensó, entre otras cosas); a través de ella estaremos encantados de atender a partir del 1 de Septiembre cualquier petición, sugerencia, duda, etc., que haya quedado depositada en la dirección mail y el formulario de la sección Contacto (aunque entendemos que hemos dejado todos los frentes bien cerrados y sin flecos coleando). También estaré encantado de atender (aunque probablemente con menor ritmo del habitual) todos los comentarios que queráis colgar en esta sección de Blog.
Pero antes de despedirnos quería explicar un par de novedades.
La primera más que una novedad es una deuda: lo es desde luego reconocer la importancia para nuestro funcionamiento y para la calidad de nuestro trabajo de nuestro estudio hermano, RB Taller de Arquitectura. Con RB (el estudio de Javi Belil) compartimos espacio, recursos, algunos clientes, a veces encargos (y también algunos disgustos) desde Enero de 2005, y este dato no podía seguir faltando en esta página. Para resarcir esta falta, cuelgo abajo un plano de cómo tenemos distribuidos los puestos de trabajo en los dos pisos que ocupamos en la última planta de la antigua Fonda Rius, frente a la Estación de Francia de Barcelona (es la mejor manera de entender cómo nos organizamos, creo) y añado una mención a este asunto en la página de Inicio.
La segunda, un resumen de la actualización de contenidos que hemos hecho en la web antes de esta pausa veraniega. Hemos añadido dos obras nuevas: una antigua (Jardín sobre un garaje en un patio de manzana -que hice en el estudio de mi padre JMS- muy oportuna de mirar a raíz de los proyectos-piloto de azoteas en que estamos embarcados); la otra reciente (hecha precisamente para RB), Rehabilitación de 3 casas con huerto. También hemos incorporado alguna publicación pendiente (Los bulevares del Ensache), mejorado algunas cuestiones de funcionamiento (graciasss, Sonoratec) y añadido algunas explicaciones en torno a la Licencia de uso del material aquí colgado.
Por último, señalar la variación más importante, que es una puesta al día del mapa de la Red Europea: en sintonía con nuestros movimientos de los últimos meses, hemos incorporado a dos nuevos estudios asociados (En Copenhague y Múnich), y retirado el enlace redundante (con Nápoles) del que figuraba en Berlín; las cuestiones de palacio van despacio, se sabe, pero este curso que comienza en Septiembre 08 debe de ser (esperamos) el que vea cristalizar por fin un proyecto europeo (Tipo IEE) a través de esta Red Europea. Y todo lo demás que quiera venir. Buenas vacaciones a todos, allá donde las toméis ;) Am
(Sigue en Paramos)
Distribución de puestos de trabajo en la 4ª planta de la antigua Fonda Rius (Verano 08)
Caos calmo (yo vivo en una plaza) 
Martes 15 de Julio de 2008
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(Continuación a ¿Pero dónde estaban metidos?)
Otra crítica de Carlos Boyero (leer) que me lleva a otra película estupenda: en este caso Caos Calmo, de Antonello Grimaldi, y protagonizada por Nanni Moretti. Como bien dice Boyero, parece una película de Moretti (y muy especialmente una prolongación de aquella La habitación del hijo) pero no lo es.
Caos Calmo es fundamentalmente una película sobre la difícultad de elaborar un duelo en condiciones en un mundo como el actual: la muerte y el duelo, esos tabúes arrinconados de estos días, y que Caos Calmo saca a la luz a la vez con desgarro e ironía. También es una película sobre la infancia, sobre las relaciones paterno-filiales, y sobre los que éstos (los niños) nos tienen que enseñar a nosotros (los padres) para superar ciertas situaciones (en este caso, la pérdida).
Caos Calmo es además, y probablemente sin quererlo, una excelente lección sobre diseño urbano: la película se desarrolla casi por completo en un único espacio público romano, una modesta plaza delante de un colegio; apesadumbrado por la pérdida de su mujer, el personaje que representa Moretti se instala (sine die y también sin razón aparente) en esa antesala (la plaza) del colegio de su hija. Desde allí irá manejando su vida, con un inesperado karma (que en mi opinión se lo confiere ese lugar tan singular); aunque duerme y se asea en su casa, en esa plaza cuadrada encuentra lugar donde mantener reuniones, comedor (la terraza de una trattoria)... y todo lo que necesita para una vida igual que la de antes pero desprovista de distracciones frugales (no lo son las nuevas relaciones vecinales que allí establece).
Su nueva casa/plaza tiene una puerta principal (la del cole), una sala de reuniones discretas (el coche), el sofá/banco de la mañana, el de la tarde, y varias cosas más que, con su mezcla de austeridad y dignidad, le ayudan a crear ese estado de ánimo (el caos calmo) tan necesario para que el duelo haga su camino. Nunca entendí muy bien qué quería decir el antropólogo francés Marc Augé con ese concepto (Los “No-Lugares”) que aún hace furor entre los arquitectos, y eso que leí con cuidado el libro; pero desde luego, si esos lugares existen, esta película de Grimaldi describe uno de manera magistral.
Nani Moretti en la butaca de su sala de estar (folleto de Cines Renoir Floridablanca)
El exterior como prolongación de lo doméstico 
Miercoles 2 de Julio de 2008
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Las obsesiones recurrentes es lo que tienen: que no te las puedes quitar de la cabeza (por eso son obsesiones) y además vuelven todo el rato (y por eso son recurrentes); sólo queda desear e intentar que duren lo menos posible cuando son nocivas o, al contrario, lo más posible cuando de ellas se puede sacar algo de jugo y de placer. Aunque, por desgracia, muchas veces es difícil distinguir si son de la primera o de la segunda familia.
De entre las obsesiones que recurrentemente sacan la nariz por este blog (y los habituales lo sabréis) está la reivindicación de esos espacios intermedios entre la casa y el exterior, que a ninguno de los dos sitios pertenece (o a los dos a la vez); también la saca, y a menudo, el gran arquitecto José Antonio Coderch. Vimos los espacios intersticiales de la casa barcelonesa del XIX en Yo vivo solamente de los intersticios, y los de la casa (también barcelonesa) de la 2ª mitad del XX en el post Elogio de la profundidad y las otras entradas que cuelgan de él. José Antonio Coderch tuvo el honor (o la mala suerte) de inaugurar este blog con No son genios lo que necesitamos ahora, y volvió a aparecer tiempo más tarde en Out of the blue.
No quiero cansaros, queridos lectores, amigos bloggers, o alumnos (si es que alguna vez pasáis por aquí); así que iré al grano, de nuevo con Coderch. En un clima meridional como el nuestro (y lo son tanto el del interior como el de la costa) el exterior supone para la casa a la vez una oportunidad y un peligro, algo de lo que a la vez hay que disfrutar a toda costa sin por ello dejar de protegerse. Los dos climas españoles en los que he tenido ocasión de vivir un buen puñado de años (el de Madrid y el de Barcelona) no pueden ser más antagónicos, a pesar de que ambos son del Sur.
Si hablamos sólo de las estaciones intermedias o calurosas (principalmente la primavera y el verano), quien haya vivido las dos ciudades sabe bien que hay que “regularse” de cara al calor de forma diferente: en Madrid el sol cae a plomo, y pocas opciones directas nos quedan más que buscar un trocito de sombra; una vez hecho esto, el bienestar se puede, claro, mejorar bastante, y siempre pasa por la combinación de aumentar la humedad del aire y aprovechar las corrientes cruzadas, como tan sabiamente proponen los constructores vernáculos de Hyderabad-Sind en Pakistán (ver). Un recuerdo inmejorable que tengo de esto es el del zaguán del viejo edificio en el número 21 de la Calle Barquillo de Madrid en el que mi padre tuvo el estudio durante casi 20 años: hasta en el día más tórrido del verano aquél zaguán entre la calle y el patio tenía un clima delicioso nada más franquarlo, y por eso el portero -porteros, niños y viejos suelen ser los que más saben de estas cosas- se pasaba las tardes allí.
En un clima mediterráneo de costa, en cambio, aumentar la humedad relativa suena suicida, cuando en verano nos movemos en humedades en torno al 70% frente al 10% del interior. Aquí la temperatura ambiente no es el mayor problema porque suele estar templada por la cercanía del mar, y tampoco demasiado ese sol fulminante del que en Madrid hay que apartarse a toda costa. Lo que hay que mitigar aquí es lo que en catalán se llama xafogor, y en español bochorno. En Barcelona en particular, que está colocada entre el mar y la montaña en un espacio de pocos kilómetros, tenemos la suerte de que (allá por las 2 de la tarde) se levanta una brisa en sentido mar-montaña, que dura toda la tarde y que, si se sabe ver y aprovechar bien, soluciona muchos de los problemas de confort doméstico de estos días de verano que tanto ahogan.
He dicho que no os quería aburrir y ... ¡suelto una retahíla climática propia del peor profesor de instalaciones en una escuela de arquitectura! Enfin, sólo añadiré una cosa más: creo que lo que da más calor en el Mediterráneo es el exceso de luz, o eso que tan bien se define con la palabra resol (según la RAE, "Luz y calor provocados en un sitio por la reverberación del sol"). Es decir: que la sensación de confort térmico también se mejora con un tratamiento adecuado de la gama de luces/penumbras en las horas difíciles del día, tal y como apunté hace un tiempo en El elogio (mediterráneo) de la sombra; esto lo saben bien en Mallorca, donde los postigos exteriores de la arquitectura popular ni siquiera se pueden abrir, y lo sabía perfectamente Coderch, pero él no está aquí para ayudarme.
Una nueva fase de la tesis doctoral me lleva a recuperar papeles del edificio de viviendas que Coderch construyó en la Calle Compositor Bach de Barcelona (ver ficha en el Archivo Coderch). Con un nombre de calle así... ¡cualquiera se inspira! pero creedme, el amigo JaC estaba aquí en uno de sus momentos de más talento. Tomando como punto de partida datos de la realidad tan ramplones como puede ser la normativa (en este caso sobre la forma triangular de los balcones) y las vueltas que se le pueden dar, Coderch aborda aquí el tema de la prolongación exterior de la casa de forma brillante, pues no se puede resolver de manera más hábil (¡tanto en tan poco espacio!) y metodológicamente tan nítida un problema tan difícil y sutil a la vez, como lo hace él con estas tribunas triangulares.
Cuarto y tribuna como un todo: croquis (Arch. Coderch) y foto desde interior (Català Roca)
Donde empezó todo 
Martes 3 de Junio de 2008
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Algún día habrá que reconocer cuáles fueron los verdaderos viveros de empresas de aquellos pequeños negocios emprendedores que tratan de salir adelante. No, no son los de Barcelona Activa, o cualquier otro vivero oficial, siempre inaccesibles (como casi todas las ayudas) por una u otra razón.
(También, de paso, iniciar de una vez por todas ese proyecto de investigación que demuestre que no hay vivienda más flexible y versátil que una Casa de cuartos).
(Sigue en Estudio, interior)
Puerta con puerta, estudio de arquitectura casero y agencia de patrocinio (Foto Am, circa 2002)
¿Qué le pasa a Barcelona? 
Sabado 24 de Mayo de 2008
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Tengo mala suerte con las ciudades: un extraño magnetismo me hace acercarme a las ciudades con mala suerte, en decadencia, o a aquéllas que han perdido la estrella que tuvieron -y que nunca llegué a conocer-; quizás (no lo querría así) sea al revés, y esas ciudades inician su declive cuando aparezco en ellas.
Así viví varios años en el Londres de mediados de los años 90: las ratas campaban a sus anchas por los andenes de mi estación de metro de Belsize Park y John Major agotaba el tiempo del post-thatcherismo antes de que llegara Blair; Ahora (cuentan, yo no volví) parece que ha cambiado, y que el viejo Londres gris y mugriento es como un puerto mediterráneo con la gente charlando en las terrazas de los cafés. Antes y después, sufrí el Madrid neo-castizo del alcalde Álvarez de Manzano (¿se acuerdan?): fueron unos larguísimos y grises años llenos de violeteras, chirimbolos, perfil mediocre y ánimo colectivo bajo mínimos. Nada que ver, desde luego, con la ciudad hiperactiva, hormonada y metrópoli mundial en que se ha convertido ahora.
¿Y Barcelona? Lo que le pasa a Barcelona (que no es fácil de entender, como casi nada aquí) viene magníficamente explicado en un artículo que el economista Antón Costas publicaba hace unas semanas en El País (puedes leerlo en fomato digital, o también descargarlo en pdf). Suscribo cada una de sus razones, y sólo le critico que acabe siendo demasiado benévolo con la política municipal y su búsqueda imposible de una ciudad-marca (como si las ciudades pudieran reducirse a eso); pero... cómo explicarlo, este sitio es seductor hasta en su decadencia, hasta en el colapso, en la incertidubre (y eso bien lo sabe Woody Allen)...
Y también (muy probablemente) tiene esta capacidad de avanzar para todo el país las tendencias de lo que vendrá en breve para todos los demás. Ante mis dos experiencias anteriores, esta decadencia de mi tercera ciudad la vivo personalmente con resignación, es verdad, pero también con buenas dosis de humor e incluso de placer, pues toda decadencia de un lugar vitalista lleva implícito un futuro prometedor al que despertarse.
(Sigue en Porqué nos sigue gustando La Rambla)
Pero... ¿qué le pasa a Barcelona? Las razones de Antón Costas en El País del 13 de Abril 08
Sotabanco 
Domingo 18 de Mayo de 2008
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(Continuación a
El techo de cañizo, 1 (Capri))
sotabanco.
(De sota, debajo de, y banco, por hilada).
1. m. Piso habitable colocado por encima de la cornisa general de la casa.
2. m. Arq. Hilada que se coloca encima de la cornisa para levantar los arranques de un arco o bóveda y dejar visible toda la vuelta del intradós.
(Diccionario RAE)
El Ensanche de Madrid hubiera sido otro si la solución que proyectó Secundino Zuazo para la manzana situada en la esquina de las Calles Gaztambide y Rodríguez San Pedro se hubiera generalizado. Refugio de lo más nutrido de la intelectualidad republicana durante la guerra, esta obra cumbre del racionalismo español guarda hacia su patio gratas evocaciones de arquitectura popular; entre otras cosas un hermoso sotabanco que aún hoy pervive y que sirve como prolongación del ámbito doméstico en la azotea, además de constituir un excelente regulador térmico para todo el edificio.
(Foto de autor desconocido, escaneada de Secundino Zuazo, libro de Lilia Maure -ver ficha-).
Sotabanco de la Casa de las Flores de Secundino Zuazo, Calle Gaztambide (Madrid)
Yo vivo solamente de los intersticios 
Domingo 27 de Abril de 2008
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(Continuación a ¿Y detrás? Está la casa...)
...Aber ich lebe nur von den Zwischenräumen... (Peter Handke, en conversación con Herbert Gamper)
(Pero yo vivo solamente de los intersticios. En traducción literal, "Zwischenräumen" quiere decir "habitaciones entre medias")
(Sigue en El exterior como prolongación de lo doméstico)
Entre medias de un muro y una fachada (Bcn, primavera 08. Foto Am)
Sobre la densidad 
Jueves 17 de Abril de 2008
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1. La congestión
Raymond Hood (RH), autor y cerebro del Rockefeller Center en NYC, se desquitó de los sinsabores del proceso de proyecto para esta manzana en la 5ª avenida (como todos en esta profesión, un proceso largo y tortuoso, aunque con un cliente inteligente y generoso en recursos; un proceso –y un cliente- que ya quisiéramos sufrir cualquiera de nosotros) con una propuesta “a título personal” llamada El Arrebato.
En El Arrebato propone un conjunto piramidal de piezas cuyo epicentro es el cruce de las dos calles, y que desde ese pico “(...) desciende hacia el perímetro para conectar con la ciudad existente” (ver maqueta).
El Arrebato es una indisimulada puesta en práctica de su propuesta para el desarrollo de la isla llamada Manhattan en 1950, “(...) una propuesta para romper la barrera de la congestión mediante la (...) implantación en la ciudad existente de la nueva megaescala con unos universos autónomos y artificiales (...)”: se traba al fin de al cabo de diferentes Arrebatos localizados en los cruces de las calles e infraestructuras principales, y de los puentes de acceso a la isla (ver foto).
Todo esto lo cuenta Rem Koolhaas en su imprescindible Delirio de Nueva York. Este libro, por cierto, lo recomiendo encarecidamente a alumnos y arquitectos, por un lado: es una historia de la arquitectura moderna en paralelo (yo me dije al acabarlo ¿pero cómo nadie nos ha contado esto así hasta ahora?); liquida además, y de un plumazo, cualquier crédito para gente como Le Corbusier y Salvador Dalí. Por otro lado, es idóneo también para neófitos con inquietudes que quieran una puerta de entrada para entrar en la teoría arquitectónica de una mano no gregaria y amena.
2. El maestro
José Martínez Sarandeses (JMS) era arquitecto, urbanista y una de las personas más sensibles en España en lo que se refiere al diseño de la ciudad según parámetros de sentido común y calidad. Todo ello lo argumentó de una forma quizás prematura y extemporánea, antes de su muerte también demasiado temprana (descargar semblanza).
JMS legó como uno de sus últimos trabajos la (quizás también demasiado avanzada) Guía de Diseño Urbano, publicada en 1999 por el Ministerio de Fomento. Bajo un estilo hiper-racionalista y con marcado carácter pedagógico (más propio de la Institución Libre de Enseñanza que de un arquitecto de Madrid de finales del Siglo XX: es un exhaustivo catálogo de buenas prácticas urbanísticas que sus coetáneos se empeñaban en ignorar y desobedecer de forma sistemática) se escondía además una de las propuestas más rompedoras del urbanismo en este país desde... (lo siento: no es exagerado) Ildefonso Cerdà y su ensanche de Barcelona.
La super-manzana de la Guía... (que aparece como una consecuencia natural de todo el análisis anterior) es básicamente lo que luego yo he llamado “manzana de densidad variable”: una super-manzana cuadrada, de una dimensión equivalente a 4 de Cerdà, y en la que las densidades edificatorias van (al igual que en RH) descendiendo progresivamente desde los cruces de las avenidas (paradas de transporte público) y el perímetro (4 ó 5 plantas) hasta el parque central, y a través de un entramado casi orgánico de calles, callejones, plazas y plazuelas (ver planta). Aprovechaba así de paso para recordar que los grandes espacios libres y verdes deben de actuar como focos de centralidad, evitando ese error (aún tan habitual) de los parques y equipamientos situados en el borde de ciudades y barrios.
Antes (y además) de esto, JMS era... mi padre. Mi padre murió de un paro cardiaco, en mis brazos, demasiado joven, en una cálida tarde/noche del mes grande de Madrid (Mayo), en 2003; para hablar de esto aquí y ahora (lo entenderéis) no tengo ni estómago ni valor.
Sólo lo menciono porque creo que esta prematura e injusta muerte le dejó sin la posibilidad de demostrar, en el momento en que ya entraba en su madurez, que merecía por honor propio acabar entre la lista de los mejores y más escogidos. Y además porque, con el tiempo, cercioro lo que siempre pensé: que si realmente tuve alguna vez un maestro (al igual que el suyo fue Alejandro de la Sota) ese fue él. Un cóctel, sin duda, difícil de gestionar para según qué edades.
En su estudio trabajé en la construcción de los Edificios Judiciales en Galicia, y de su estudio heredé (como único trabajo que quise continuar) y llevé a término el concurso ganado de Los Espacios Libres de Daoiz y Velarde.
3. El anti-maestro
A Rem Koolhaas (RK) lo conocí (aunque no personalmente) cuando tuve la ocasión de participar en la organización del concurso del Centro de Congresos de Córdoba, con la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de esta ciudad. Veni, vidi, vinci resumió muy bien algún tiempo después Luis Fdez-Galiano, aquellos días en que RK solicitó un hotel con una piscina de tamaño olímpico para hacer sus largos mañaneros, aterrizó al amanecer en la ciudad de los califas, presentó al jurado un embrión insípido de propuesta que contradecía por completo las bases, se fue por la tarde, y ganó al día siguiente el encargo dejando en la cuneta a gente tan insigne como Moneo, Toyo Ito, Zaha Hadid o Cruz y Ortiz.
Recuerdo muy bien su presentación en una atestada Sala de los Mosaicos de los Alcázares, en la que nadie del jurado se atrevió a toserle, a pesar de que desobedecía descarada y voluntariamente la ley primordial de cualquier proyecto, que es atenerse al solar de que se dispone; sólo Vicente Verdú se atrevió a decirle que aquello parecía el dique más vulgar del más vulgar de los aeropuertos colocado frente a una mezquita, y por poco no sale con vida de aquella sala.
Como lo cortés no quita lo valiente, un carácter tan conflictivo no debe de ser una traba para que a RK se le deba reconocer que es uno de los pocos (sino el único) del plantel del star-system que enfoca la crisis de la ciudad contemporánea desde una visión inteligente y francamente arriesgada; todo ello además de ser, como he dicho más arriba, uno de los más brillantes y ácidos teóricos de la segunda mitad del siglo XX.
Descubro en el NYT que prepara un mega-proyecto en una isla artificial en Dubai (dónde sino) para reproducir las teorías que sobre el manhattanismo elaboró en Delirio de NY; sé poco más que lo que leo en este artículo, que habla de...
“(...) descubrir el potencial de lo oculto (...) y encontrar optimismo en lo inevitable (...): la implantación de la ciudad genérica, una metrópolis dispersa, de edificios repetitivos, centrada en un aeropuerto y habitada por una tribu de nómadas planetarios con pocas lealtades locales (...)”.
Descubro también con alegría que la Generalitat de Catalunya ha sido la encargada de romper la baraja del urbanismo español al lanzar un plan de promoción de nuevos barrios de vivienda llamado Áreas Residenciales Estratégicas (ARE’s), en las que prima el concepto de re-densificación y de consolidación de tejidos urbanos existentes en torno a vías de circulación, rompiendo así de raíz con el círculo vicioso que desde hace 20 años asociaba nuevo desarrollo con consumo de territorio (ver noticia en El Periódico).
La cuestión ahora es: si la ciudad densa, compacta, trabada socialmente y bien comunicada parece ser la apuesta más razonable en estos comienzos del siglo XXI, ¿no debiéramos quizás centrarnos en averiguar cuál es el grado ideal de densidad? ¿Y el grado menor? ¿Y el mayor? ¿Debiéramos acercarnos hacia la congestión? O, por decirlo de una manera más inteligible... ¿se puede morir de un exceso de densidad?
La metrópoili moderna a modo de reluciente mascarada (artículo del NYT, Marzo 08)
Montseny 
Sabado 12 de Abril de 2008
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(Continuación a Saliendo de la niebla)
Una (muy buena) geógrafa una vez me comentó que el Montseny era a Barcelona lo que el Guadarrama a Madrid: ambas están a una distancia asequible de ambas capitales, y las dos son sus montañas laicas (tan opuestas a las montañas sagradas), y son la cuna de su tradición excursionista, el laboratorio privilegiado de sus respectivos experimentos más ilustrados en el estudio del paisaje, la botánica y la educación al aire libre.
(La Soledad, muy discutible película de Jaime Rosales, mostraba sin embargo un hallazgo visual tan simple como ingenioso: enseñar en dos planos diferentes pero simultáneos cómo transcurría una misma escena; espero que me disculpe que le tome prestado el truco).
(Sigue en La otra cara del Montseny)
Nieve en el T. de l´Homme, cima del Montseny, desde St. Celoni hacia el O. y el N. (foto Am, Abril08)